Memoria del conflicto armado colombiano

“Sólo sabemos que se fue”

Una gira por el Meta recoge memorias del conflicto

Rodeado de las frondosas montañas de la cordillera de los Andes y la Macarena se encuentra el corazón del conflicto armado colombiano. “El Primer Frente de las FARC-EP, la Zona de Distención, las tomas de Uribe y Puerto Rico, la Casa Verde…”

Mariana recuerda como hace cerca de dos décadas a la pequeña vereda donde vive una de las columnas de combatientes de las FARC-EP dejó el cuerpo de una guerrillera muerta en combate. “Nosotros lavamos el cuerpo y le dimos sepultura, otras vecinas de la vereda también vinieron a despedirla”.

“Esta guerrillera quedó enterrada en el cementerio a los pies de mi hija, allá no hay nada de nada, y nunca ha ido nadie. Nadie de la vereda la conocía”, añade Sandra.

Por caminos de tierra y bajo una lluvia permanente la comisión formada por la Asociación de Familiares de Detenidos y Desaparecidos, la Fundación por la Defensa de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario del Oriente y el Centro de Colombia (DHOC), el medio de comunicación Rema, la Universidad de los Andes y el Equipo Colombiano de Investigación en Conflicto y Paz recorre algunos de los pueblos siguiendo las historias y memorias que, como cicatrices, han dejado marcadas en el territorio y en su gente los más de 54 años de conflicto armado.

“Mi hijo marchó muy joven a las FARC-EP, lo capturó el ejército y entró a prisión casi 3 años, después de salir fue a trabajar al campo con el padre. Al volver del campo lo desaparecieron“, relata Juana.

Alejandro Castillejo, de la Universidad de los Andes, menciona cómo durante el recorrido por el Meta, bautizado como “los caminos de la escucha“, se mide el estado de la implementación de los Acuerdos de la Habana, discutiendo sobre reincorporación, víctimas, sustitución, tierras, economía y petróleo. Temas que desde el Programa de Estudios Críticos de las Transiciones Políticas se entienden como una visión integradora y crítica de la transición.

Bajo el porche de madera que nos resguarda de la lluvia van llegando las vecinas al conversatorio sobre personas desaparecidas y dadas por desaparecidas. Carmena pide la palabra para hablar de su hijo, “Lo vi un año más tarde de su partida, cuando pasó con el Frente 40 de las FARC-EP por aquí cerca, hace una década, pero no he vuelto a saber nada más. Sólo sabemos que se fue”.

Camino al ETCR de La Pista, Castillejo comenta como es de evidente que en Colombia el peso de la supervivencia y la continuidad de la vida durante la guerra ha caído sobre las mujeres.

A partir del 2002 la gente empieza a tener valor, a perder el miedo, pero porque se siendo rodeada de la comunidad: de las Juntas de Acción Comunal, de las asociaciones campesinas, de los promotores de derechos humanos… Cuando se hace un trabajo con la comunidad, la comunidad se siente acompañada y empieza a reclamar sus familiares. Es por eso que a partir del 2002, cuando ya hay un grado de organización comunitaria, se empieza a perder el miedo, explica Arcangel de la fundación DHOC.

“Antes del 2000 nadie se atrevía a reclamar el cuerpo, nunca nunca, nadie, esto no, esto era imposible” afirma uno de los asistentes a la conversación.

La mañana siguiente del converstorio de Los Caminos de la Escucha al nuevo punto de reincorporación La Pista aparecieron pintadas firmadas como Autodefensas Unidas de Colombia, grupo paramilitar supuestamente desmovilizado hace más de diez años. Durante la semana que llevará el recorrido fueron asesinados 7 líderes sociales en Colombia.

 

Memoria del conflicto armado colombiano

Los caminos de la escucha


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