Por unas instituciones al servicio de las comunidades

IAP acompaña la Ruta Interinstitucional en el Magdalena Medio

Hace apenas unos días, como IAP tuvimos la oportunidad de asistir al Foro regional Retos del campesinado del Magdalena Medio hacia la construcción de paz territorial, en el marco del balance interno de la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra (ACVC), donde se habló de economía campesina, medio ambiente, zonas de reserva campesina, acuerdo de Paz, conclusiones y retos hacia el futuro.

El balance termina con una clamorosa reivindicación del papel de las comunidades: “nosotros somos Estado”, pues es cierto que no se les ha dejado otra opción que serlo en todas sus formas.

Esto me hace rememorar mis primeras salidas como voluntaria de IAP acompañando a la ACVC en una Ruta Interinstitucional que lo que busca, precisamente, es comenzar a transformar esa histórica ausencia de Estado a través del diálogo entre comunidades e instituciones.

Mediados de noviembre de este año recién terminado. Me pongo el chaleco, agarro la mochila y me subo a una camioneta 4×4 junto con mis compañeras, miembros del equipo técnico del Programa de Prevención, Protección y Seguridad de Defensores y Defensoras de Derechos Humanos del Nororiente Colombiano y autoridades colombianas como son la defensoría del pueblo y la corregiduría.

Realizamos un recorrido por diferentes veredas de zonas tan castigadas por el conflicto como son el Sur de Bolívar y el Nordeste Antioqueño, reuniéndonos con comunidades campesinas y mineras.

Mi primera impresión es que el trayecto es toda una odisea; es época de lluvias y vamos por unas carreteras que no han recibido la atención merecida. Nos quedamos estancadas en el barro, se nos pincha una rueda y hay lugares a los que ni siquiera conseguimos acceder. El día a día de cualquier habitante del territorio.

Los paisajes son hermosos. La gente se presenta, amable y cercana, con un apretón de manos y una sonrisa.

La siguiente impresión que cala es la potencia de los liderazgos que encontramos en el camino. Comunidades muy organizadas, con ideas claras, que solo requieren de un interlocutor que las escuche y las articule con los recursos públicos que pertenecen a toda la ciudadanía por igual.

El Estado siempre se ha presentado en la región en forma de fuerza pública y no en forma de servicios; es una de las cuestiones presentes en el Acuerdo de Paz para solucionar las causas estructurales del conflicto. Además, como decía un habitante del territorio, “al final resulta que la inseguridad está donde está la seguridad”. Esto no puede seguir ocurriendo.

Por tanto se parte de un justificado sentimiento de desconfianza de la comunidad hacia la institución, que podemos percibir en el acompañamiento, y que quizás comience a cambiar con el cumplimiento de los acuerdos, que se está postergando más de lo esperado. La confianza es algo que se gana con actos.

Los organismos presentes en la Ruta Interinstitucional escuchan los riesgos y necesidades manifestadas por las comunidades visitadas. Riesgos asociados a los intereses comerciales, el control territorial de actores armados, la sustitución de cultivos de uso ilícito y las amenazas y señalamientos a líderes y lideresas. En definitiva, conflictos por la defensa de la tierra y el territorio. Situación sumada a las condiciones estructurales que se materializan en la falta de equipamiento médico, falta de educación, carreteras en mal estado, etc.

Las comunidades manifiestan que la violencia persiste con dinámicas diferentes desde los acuerdos y que, en muchas ocasiones, se trata de opacar esa violencia despolitizándola.

Los intereses comerciales se mantienen latentes sobre el territorio, por lo que será necesario, como manifiestan las comunidades, explorar mecanismos que garanticen su soberanía si queremos una Paz estable. En este camino resulta interesante aprender de las iniciativas que surgen de ellas mismas como son Las Zonas de Reserva Campesina o la figura de la Guardia Campesina, que todavía no goza de reconocimiento jurídico en la legislación colombiana.

A su vez seguirán siendo necesarios todos los mecanismos de autoprotección que puedan estar en manos de las comunidades, entre ellos el acompañamiento internacional.

El Programa de Prevención, Protección y Seguridad de Defensores y Defensoras de Derechos Humanos del Nororiente Colombiano, citado anteriormente, en el que trabaja la ACVC en confluencia con otras organizaciones colombianas como AHERAMIGUA, ASCAMCAT, CAHUCOPANA y CESPAZ, e internacionales como IAP, busca garantizar los derechos de participación política de líderes y lideresas del Catatumbo, Sur de Bolívar- Yondó, Bajo Cauca y Nordeste Antioqueño, fomentando su protección, autoprotección y seguridad.

Han pasado dos meses y otros cuatro acompañamientos desde entonces. Cierro este artículo comentando cuánto me sigue sorprendiendo la persistencia de las comunidades y organizaciones: madrugando incansables, combinando el trabajo político con el duro trabajo en el campo, recorriendo trochas imposibles, arriesgando su imagen pública e incluso su vida para seguir trabajando en la defensa del territorio. Cuánto admiro su pensar y su sentir en colectivo, y qué pequeña me siento a su lado.

Aquí seguimos, con muchas ganas de volver a ponerme el chaleco para seguir aprendiendo.


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