Mujeres y ruralidad

Una aproximación a la desigualdad estructural

Históricamente, las zonas rurales de Colombia han contado con una falta de infraestructuras básicas debido al abandono estatal que sufren. Uno de los principales problemas es la estructura desigual de tenencia de la tierra y la inexistente reforma agraria. En el campo, el 64% de los hogares campesinos no tienen acceso a la tierra y el 1% de los propietarios tienen la tenencia del 80% de la tierra[1].

Las mujeres campesinas hacen frente a esta situación al mismo tiempo que están afectadas por otras desigualdades estructurales. La alta concentración de tierra en manos de pocos propietarios afecta de forma diferencial a las mujeres, las cuales se encuentran en situación desfavorable para acceder a la titularidad de la tierra, excluidas del sistema de propiedad. Tan solo un 26,5% de las propietarias de la tierra son mujeres, y se caracterizan por tener UPAs (Unidades de Producción Agrícola) de menores dimensiones[2]. También se encuentran con dificultades para acceder a créditos productivos y a la asistencia técnica para la ejecución de los proyectos, lo que supone barreras para su autonomía económica[3].

Teniendo en cuenta este contexto, las consecuencias de la emergencia sanitaria causada por la COVID-19 se hacen presentes, especialmente en las zonas rurales de Colombia, viéndose un incremento en las desigualdades estructurales hacia la mujer.

Las mujeres rurales, antes de la COVID-19 ya dedicaban una media de 5 horas y 6 minutos más que los hombres a actividades del hogar no remuneradas, dedicación que se ha visto aumentada todavía más en este contexto[4]. El confinamiento comporta una mayor dedicación al cuidado y la cura de la familia, la cual recae en el núcleo familiar las 24 horas del día, mayoritariamente en la mujer. En este marco, el cierre de las escuelas para prevenir el contagio conlleva también añadir una tarea educativa que para muchas familias resulta imposible asumir. Por un lado, muchas mujeres no han finalizado la primaria, o solo han cursado parte de la secundaria, y esto les dificulta poder dar este apoyo necesario a sus hijos e hijas. Por otro lado, no disponen de herramientas de telecomunicación ni internet que les permita conectarse a las clases virtuales. Esta situación genera un estrés adicional por el hecho de no poder cumplir con una obligación que se les traslada[5].

A todo ello, se suma el hecho de que el aislamiento aumenta los riesgos de violencia de género. Un dato indicativo es que el 77% de la violencia sexual que se denuncia tiene lugar en la vivienda y normalmente el agresor es una persona próxima[6]. Así lo constata el hecho que durante el confinamiento ya han tenido lugar 129 feminicidios, tal como ha alertado el Observatorio Feminicidios Colombia.

Varias organizaciones luchan para cambiar esta realidad, una de ellas la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra (ACVC), a través de la Coordinadora de Mujeres del Valle del río Cimitarra, que promueve el feminismo campesino y popular, con el objetivo de fortalecer las capacidades políticas, sociales y comunitarias de las mujeres campesinas, desde una perspectiva centrada en la defensa del territorio[7]. La Coordinadora ha participado en la configuración del Plan de Desarrollo municipal, incidiendo en este para la construcción de políticas de género transversales. Próximamente tendrá lugar la actualización del Plan, y se está trabajando para integrar en este la transversalización del género de forma más contundente que actualmente, para conseguir una aplicación real.

[También le puede interesar: Feminismo campesino popular: La lucha feminista de las Mujeres del Valle del Río Cimitarra]

El Acuerdo de Paz fue un buen punto de partida para luchar contra la violencia estructural existente en el país, ya que en este se incluyó un enfoque de género. Aun así, más de tres años después de su firma, observamos que al igual que ha habido retrasos e incumplimientos de muchos de los puntos acordados, se ha avanzado especialmente poco respecto a las disposiciones con enfoque de género. Por un lado, esto se debe a que muchas de ellas son disposiciones de mediano y largo plazo, lo que conlleva más tiempo para su realización. Pero también hay muchos compromisos que debían haberse complementado y que aún no se han iniciado, y otros que se han implementado sin incluir el enfoque de género[8].  

Esto refleja la importancia de no centrarnos exclusivamente en la pandemia actual, sino que es necesario hacer frente al resto de problemas transversales en el tiempo y seguir trabajando por el cumplimiento del Acuerdo de Paz. Si bien la situación provocada por la COVID-19 es grave y se tiene que afrontar, esto no tiene que conllevar una invisibilización de otros muchos aspectos que siguen afectando a las mujeres y la población rural colombiana.

Es precisamente por ello por lo que las organizaciones campesinas, como la Coordinadora de Mujeres del Valle del río Cimitarra, siguen poniendo énfasis en la necesidad de un cambio social que incluya una redistribución de la tierra. Pero también el reconocimiento de las mujeres como campesinas que promueven la soberanía alimentaria, el valor económico de las actividades de cuidados, y el apoyo a iniciativas que buscan la autonomía económica y mayores espacios de participación política.

 

Encuentro de la Coordinadora de Mujeres del nororiente colombiano en Ocaña, Norte de Santander.

 

Durante la caracterización biológica en Puerto Matilde, Antioquia.

 

[1] “Así fue el III Encuentro Nacional de Mujeres de las Zonas de Reservas Campesinas”, ANZORC, 7 de febrero de 2020: http://anzorc.com/iii-encuentro-nacional-mujeres-zrc/

[2] “Las mujeres alimentan el mundo: luchas campesinas en medio de la pandemia”, Mujeres Contagiar, 17 de abril de 2020: https://mujeresconfiar.com/las-mujeres-alimentan-al-mundo-luchas-campesinas-en-medio-de-la-pandemia/

[3] Irina Pérez de ACVC y ANZORC, “Foro de mujeres campesinas: organización y resistencias en el Valle del río Cimitarra”, 10 de junio de 2020. https://www.facebook.com/watch/live/?v=542776683066379&ref=watch_permalink

[4] “Proteger al campesinado proteger la vida”, 20 de abril de 2020. https://www.dejusticia.org/wp-content/uploads/2020/04/PROTEGER-AL-CAMPESINADO-PARA-PROTEGER-LA-VIDA.pdf

[5] Nancy Rubio de FENSUAGRO “Foro de mujeres campesinas: organización y resistencias en el Valle del río Cimitarra”, 10 de junio de 2020.

[6] “La violencia de género es una pandemia silenciosa”, El País, 7 de abril de 2020. https://elpais.com/sociedad/2020-04-07/la-violencia-de-genero-es-una-pandemia-silenciosa.html

[7] Irina Pérez de ACVC y ANZORC, “Foro de mujeres campesinas: organización y resistencias en el Valle del río Cimitarra”, 10 de junio de 2020.

[8] “Tres años después de la firma del Acuerdo Final de Colombia: hacia la transformación territorial”, Kroc Institute For International Peace Studies, pp. 40-44 http://peaceaccords.nd.edu/wp-content/uploads/2020/06/200630-Informe-4-final.pdf


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