¿Por qué en Colombia?

El contexto en Colombia ha evolucionado mucho desde que IAP comenzó su actividad de acompañamiento internacional en el año 2010. De los años más duros del conflicto hemos pasado a una nueva situación, no exenta de riesgos, a la que nos hemos ido adaptando junto a las personas y organizaciones que acompañamos.

La firma de los acuerdos de paz entre el Gobierno y la guerrilla de las FARC-EP en noviembre de 2016 ha supuesto un hito en la historia del país. Tras más de 50 años, se ha abierto la oportunidad para solucionar muchos de los problemas enquistados en el país, que originaron y han mantenido abierto el conflicto armado, social y político: la desigualdad en el reparto de la tierra, el abandono de las zonas rurales, la falta de participación política y la incapacidad estatal de garantizar los derechos humanos.

Estamos en una etapa en la que el gran reto es pasar del silencio de los fusiles a la verdadera paz, la paz duradera y basada en la justicia social. Pero para ello, queda aún mucho trabajo que hacer, y muchas formas de violencia que superar.

Hay violencia directa, en forma de grupos paramilitares; amenazas y asesinatos contra líderes y lideresas sociales que denuncian las desigualdades del país. Violencia estructural, que permite la extrema pobreza de muchas personas, mientras otras amasan grandes sumas de dinero sobreexplotando los recursos naturales. Violencia cultural, muy presente en una sociedad dividida durante años. Violencia sexual y de género. Violencia medioambiental.

Frente a estas amenazas, las asociaciones campesinas a las que acompaña IAP proponen soluciones concretas, tras muchos años de experiencia, diálogo y autoorganización. Entre ellas, encontramos la creación de Zonas de Reserva Campesina para defender el derecho a la tierra y a la soberanía alimentaria, proyectos para sustituir los cultivos de coca (el único sustento de muchas familias por la falta de alternativas) o nuevas formas de hacer política desde abajo, contando con los campesinos y campesinas, indígenas y afrodescendientes (los sectores más golpeados por tantos años de guerra).

Desde IAP creemos que estamos aún en el punto de partida. Para nosotras, la mejor manera de contribuir a este proceso es hacer lo que hemos hecho siempre: confiar en los procesos sociales campesinos, aprender con ellos y ellas, y brindarles nuestro apoyo, solidaridad y capacidad de crear un espacio de trabajo libre y seguro en un entorno todavía hostil. Llegará un día en que el acompañamiento internacional no sea necesario en Colombia. Hasta entonces, ahí estaremos, a su lado.