Víctimas, ex guerrillleros y ex paramilitares por la reconciliación

Encuentro por la reconciliación en Colombia

Un acto en Remedios reúne a víctimas, ex combatientes de las FARC y ex paramilitares

Han pasado diecisiete años desde que la hija de Amparo desapareció. Todavía sigue sin saber nada. Lo mismo le ocurre a Alicia, no ve a su hijo desde hace tres lustros. “Desde el dolor que guardo dentro, pido que no vuelva a repetirse tanta violencia”.

Estos son algunos de los testimonios de las víctimas del conflicto armado colombiano que se dieron el catorce de abril en el Encuentro por la Reconciliación de Remedios, municipio del Nordeste del departamento de Antioquia. En él, cuentan sus historias frente a ex guerrilleros de las FARC-EP y ex paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), estos últimos desmovilizados mediante la Ley de Justicia y Paz del Gobierno de Álvaro Uribe en 2005.

“Como madre he sufrido la violencia, pues me mataron a tres hijos”, relata Libia Rosa. “No les culpo, pues todos tenemos mente y corazón. Con el mío les digo que les perdono, pero que no haya ni más muertes, ni más violencia”.

A Elmer le dispararon cuatro balas que casi le cuestan la vida. “No hay confianza en el Ejército, ya que las fuerzas militares masacraron, violaron y trataron a las personas del campo como si fuera guerrilla”. Asimismo, habla de los falsos positivos y de como, tanto Ejército, como paramilitares, asesinaban a personas, mayoritariamente campesinas, y las uniformaban para que parecieran guerrilleras.

“Tenemos que hablar de la reconciliación sin miedo para que nuestros niños y niñas no crezcan con ese odio”, apunta Milton, a quien la guerra le dejó huérfano muy joven.

“El rencor enferma y acaba con las personas, pues todas somos víctimas”, apunta Mercedes, víctima y vecina del municipio.

Carolina se crió sin padre. Lo mató el cuarto frente de las FARC-EP en 1985. “Perdono a las personas ex combatientes de las FARC-EP que ya dejaron las armas. Ahora, solo pido no ser defraudada”.

El acto, organizado por las autoridades locales del municipio, junto con la Mesa Departamental de Reincorporación de Antioquia y las Naciones Unidas, también contó con las palabras de quienes fueron los victimarios. “Sé que nada de lo que diga les va a devolver a sus seres queridos. Son hechos lamentables que no se volverán a repetir; ahora hay una mayor oportunidad de verdad, justicia y reparación”, afirma Orlando, ex comandante de las AUC del Magdalena Medio y Boyacá. “Es un proceso lento, aquí se siembra una semilla de paz, esperanza y reconciliación. El pacto comienza hoy”.

Por su parte, Gustavo, de las AUC del Bloque Bolívar, también pide perdón por los actos cometidos. “Les queremos decir que, por nuestra parte, no se volverá a repetir”.

En el turno de las personas ex guerrilleras de FARC-EP, Arelis leyó una carta que habían redactado desde el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación, situado en la vereda Carrizal de Remedios –antiguas Zonas Veredales Transitorias de Normalización-. En el escrito, da las gracias por la realización del evento y por tratar a los y las ex combatientes como seres humanos. “La guerra nos llevó por diferentes rutas y ahora estamos juntas en un camino de reconciliación y abrazo. No queremos volver más a la guerra, por eso hoy decimos que nos comprometemos a aportar para la paz. Abrimos nuestros corazones para no llegar al camino del odio”.

Como ex combatiente, también participó en el acto Pastor Alape, ex comandante del Bloque Magdalena Medio y actual miembro de la dirección nacional del partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), quien expresó su emoción por el momento vivido. “Hoy vemos las consecuencias de esta guerra y nos reencontramos para lograr que esta paz se expanda fuera de este escenario”.

Las pocas cámaras autorizadas para grabar el evento dejan de funcionar ante el testimonio del único ex militar del Ejército de Colombia presente. “Es duro escuchar todo esto. Recuerdo la primera vez que me miré con un guerrillero a los ojos sin sentir odio. Fue hace diez días”. Y habla sobre los errores que cometió: “hoy estamos aquí para reconocer que ustedes sufrieron y les pido perdón, me equivoqué, les pido mil disculpas”.

Asistentes al acto de reconciliación en Remedios entre víctimas y ex combatientes

Asistentes al acto de reconciliación en Remedios entre víctimas y ex combatientes

Rodeadas de historias

El coliseo de Remedios fue el lugar elegido para acoger este evento pionero en Colombia. Pancartas y carteles abrazan los testimonios e historias, mostrando muchas más. Como la masacre en las veredas Cañaveral y Altos de Manila contra la población campesina y minera entre el cuatro y el doce de agosto de 1983, perpetrada por un grupo de treinta y dos hombres armados sin identificar. Además del éxodo provocado, fueron encontrados veinte cadáveres, aunque la cifra total de muertes no puede ser determinada debido a que los victimarios mutilaban, lanzaban los cuerpos al río o los enterraban en fosas comunes.

En esa masacre Olivia perdió a sus dos hijos: “es un dolor que no se supera nunca. Ojala ninguna madre tuviera que pasar por esto”.

Berenice regresó a su casa después de seis años desplazada. En el año 2010, en un enfrentamiento entre la guerrilla y el Ejército, una granada cayó en su casa, destrozando el techo y una de las paredes. “La guerra es tanto miedo, tanto conflicto. Es muy horrible lo que nos ha tocado vivir. Creo que la paz sería un milagro de Dios, ya que no la hemos podido ver, ni vivir como hemos querido”.

Otra masacre tuvo lugar el diecisiete de febrero de 1989, cuando la vereda Puerto Nuevo Ité, también conocida como Cooperativa, fue saqueada y bombardeada por el Ejército. Unos años más tarde, el veintinueve de diciembre de 1996, los paramilitares quemaron el caserío en su totalidad. Veinte días más tarde, volvieron para rematar lo que quedaba en pie.

En Martaná, el dos de junio del 2012, hombres sin identificar llegaron a la vereda y dispararon a la población, causado cinco muertos, dos de ellos eran los hermanos de Omaira. “Una nunca vuelve a ser la misma persona, queda marcada para siempre”.

Yolanda era promotora de salud en diferentes veredas del Sur de Bolívar y el Nordeste Antioqueño. “Si una salía a trabajar al campo, le decían que era guerrillera, y si entraba al pueblo, que era informante paramilitar”. Relata que durante su voluntariado con Cruz Roja, cuando viajaba con su hija, fue retenida durante unos días por miembros del Ejército Nacional, quienes la agredieron y violentaron sexualmente.

El miedo también se apoderó de Olivia, que fue desplazada durante tres veces de su casa. “Una queda siempre en medio de todos los actores armados que van llegando. El miedo siempre es constante. Nos tocaba huir al monte sin nada… hasta que me mataron a mi tercer hijo y decidí irme del todo”.

Nicolás cuenta la masacre de 2004 en Cancha Manila, donde se estaba realizando un torneo de fútbol entre varias veredas. “A las cinco de la mañana, paramilitares dispararon contra viviendas, hirieron y mataron civiles, quemaron casas y nos obligaron a desplazarnos. Por cuatro años, estas comunidades quedaron destrozadas, no quedó nadie viviendo en el caserío”.

En el último cartel, la foto e historia de Luis Rosendo, que fue desplazado forzosamente hacia Medellín. “La guerra es un conflicto de intereses, que sólo llena de inciertos, le toca a uno retirarse de lo propio e irse a vivir de la nada”.

Y a pesar del dolor de las víctimas, éstas miraron a la cara de sus victimarios, recibiendo el perdón sincero y construyendo el camino hacia un proceso de verdad, justicia y reparación, en un país que lleva más de cincuenta años de conflicto armado.

La luz como símbolo de paz en el evento de Reconciliación

La luz como símbolo de paz


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