Campesinado

Al hablar de campesinos y campesinas en Colombia, no lo hacemos sólo de personas que viven y trabajan en el campo. Ser campesina es toda una identidad social, cultural e incluso política. Al igual que indígenas y afrodescendientes, grupos con los que comparten las zonas más olvidadas del país y sus problemas, el campesinado tiene una serie de reivindicaciones frente al estado: derecho al territorio, al medio ambiente y a la soberanía alimentaria.

En el país hay enormes extensiones de terreno rural donde históricamente no han llegado los servicios sociales mínimos ni las infraestructuras necesarias para garantizar una vida digna y, a su vez, existen enormes haciendas y latifundios, concentrados en muy pocas manos, dedicados a la agroindustria, o los grandes proyectos mineros y petroleros que acaban con la vocación agrícola del suelo y con la cultura tradicional campesina.

Conflicto:

En conflicto en Colombia, ha sido y es un conflicto rural, originado y sostenido por el mal reparto de la tierra y el abandono estatal del campo. El germen de las guerrillas se encuentra en campesinas liberales o comunistas que se establecieron en grupos de defensa armada durante la época conocida como “la Violencia”, tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Estos grupos fueron frecuentemente atacados por el Estado o por la policía “chulavita” conservadora, antecesores de los paramilitares. El caso más emblemático fue el de la colina de Marquetalia, en 1964. Allí nacieron las FARC, tras el bombardeo, apoyado por Estados Unidos, a un grupo de familias campesinas que se había establecido en una comunidad auto organizada.

Precisamente, por este origen rural del conflicto, el campesinado ha sufrido especialmente sus consecuencias. La guerra se ha hecho en el campo. Los hijos e hijas de las campesinas son las que más han muerto, con o sin uniforme. Son las desplazadas, las torturadas, las desaparecidas, las violadas. Además, ha existido (y todavía existe) una gran estigmatización por parte del Gobierno y la Fuerza Pública. Cualquier campesina que ha reclamado sus derechos, ha sido sospechosa de pertenecer a la guerrilla. Grupos paramilitares han realizado auténticas masacres de líderes y lideresas sociales, bajo el pretexto de estar luchando contra la insurgencia. Aún hoy muchas personas siguen fuertemente amenazadas por su trabajo comunitario y en defensa de los derechos humanos.

Otra de las consecuencias más graves que ha traído la guerra es el desplazamiento forzado y la falta de formalización en la tenencia de la tierra. Las personas que huyen de la violencia se establecen a menudo en zonas forestales deshabitadas,  sin titulo de propiedad (son los llamados “colonos”). Esto hace que sean especialmente vulnerables ante nuevos desplazamientos y queden indefensos a la hora de exigir su derecho a la reparación.

Además, esta inestabilidad y falta de alternativas viables ha llevado a que, para muchas familias, el único medio de subsistencia sea el cultivo de hoja de coca, lo que les convierte en blanco de la persecución estatal.

Zonas de Reserva Campesina:

Ante esta falta de garantías, desde el campo se ha hecho un importante trabajo de organización propia. Durante décadas, los servicios de salud, de educación, las carreteras o las normas de convivencia se han gestionado de forma comunitaria, desde las Juntas de Acción Comunal. Muchas de estas juntas se agrupan en Asociaciones Campesinas, desde las que luchan de manera conjunta por sus derechos y reivindican una paz justa y duradera para el país.

Una de las principales demandas de estas asociaciones es la creación de Zonas de Reserva Campesina en sus territorios. La ZRC es una figura jurídica, presente en la legislación colombiana desde 1991 que intenta formalizar las parcelas, impedir la concentración de tierras, proteger los cultivos y formas productivas campesinas y detener el avance la deforestación en el país. En estas zonas, cada propietario o propietaria tiene derecho a un número de hectáreas determinado (medido en Unidades Agrícolas Familiares, que dependen de la calidad de la tierra, del clima…) y desde la propia comunidad se elabora un Plan de Desarrollo Sostenible, con en el que se intenta que convivan las necesidades de las habitantes de la región con el respeto al medio ambiente.