Construcción de alternativas frente a las violencias

Desde el feminismo campesino y popular 

Marga Ferrer Pons | Voluntaria de IAP

Magdalena Medio (Colombia)

Recién llegada a Colombia, durante mis primeras semanas en IAP y en proceso de aprendizaje de la mano de las organizaciones campesinas, tuve la oportunidad de acompañar al equipo de mujer y género de la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra (ACVC-RAN).

Tal y como se comentó en artículos anteriores, las lideresas de la ACVC-RAN llevan ya un largo recorrido en el impulso del feminismo campesino y popular y, entre sus líneas de trabajo, consta la erradicación de las diversas violencias contra la mujer y la perspectiva de género en la implementación del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera. A su vez, la organización participa en el fortalecimiento del liderazgo e inclusión de las mujeres campesinas en los escenarios organizativos a través de diversas iniciativas, como la Coordinadora de Mujeres del Nororiente Colombiano, que fue creada en el 2018.

En estos primeros acompañamientos, pude observar de primera mano como trabajan, a través de diversas iniciativas, el feminismo campesino y popular en los territorios. Así, en la región del Magdalena Medio, el equipo de mujer y género de la ACVC-RAN se encuentra trabajando con mujeres campesinas, lideresas y defensoras de Derechos Humanos en el diseño e implementación de una Ruta Colectiva Interinstitucional de Género para la Prevención y Protección de los Derechos de las Mujeres y la Eliminación de las Violencias Basadas en Género, con el objetivo de reforzar las herramientas de empoderamiento y liderazgo comunitario para promover la  participación política, la protección, la economía del cuidado y la justicia de género. Para ello, elaboran talleres en diversos municipios y veredas de la región, que cuentan con la participación de diversas familias campesinas e integrantes de las Juntas de Acción Comunal (JAC).

En San Pablo, sur de Bolívar, tuvimos la oportunidad de acompañar a la ACVC-RAN a una de estas jornadas de talleres. Entre otras actividades, se organizó una dinámica en torno a la economía del cuidado donde las familias anotaron las tareas y actividades diarias que realizan en función del sexo, a la vez que le añadían un valor en forma de tiempo y remuneración. En el transcurso de la jornada, se iba reflejando la desigualdad en el reparto de tareas, lo cual puso de manifiesto que son las mujeres las que asumen las actividades no remuneradas de cuidados y del hogar que fueron a las que atribuyeron mayor valor económico. A su vez, se creó un espacio donde las mujeres, en presencia de toda la familia, compartieron anécdotas cotidianas, inquietudes, necesidades y reivindicaciones.

Taller de Género de la ACVC

La presencia de toda la familia se vuelve relevante en estos espacios, ya que, como sostiene Yuranis Cuéllar, lideresa de la ACVC-RAN: “Eso nos permite que las violencias de género estén abordadas sobre las necesidades de las mujeres, que los hombres también entiendan que estamos en una cultura donde ellos materializan el machismo. Hay que desarraigar esa cultura, no solamente de nosotras las mujeres, sino también de los hombres, porque nosotras reproducimos el machismo, pero quien lo materializa y lo ejerce es el hombre”.

En la misma línea, trabajan también por la creación de una Ruta Colectiva Interinstitucional de Género para la Prevención, Protección y Garantía de los Derechos de las Mujeres Rurales, Lideresas Sociales y Excombatientes, con el objetivo general de incrementar el espacio de seguridad de este colectivo. Para ello, elaboran también talleres de diagnóstico e identificación de amenazas y riesgos en el ejercicio de liderazgo en el territorio, así como mecanismos e iniciativas de prevención y protección comunitarios.

En Puerto Matilde, departamento de Antioquia, acompañamos también a la ACVC-RAN en la realización de uno de estos talleres de diagnóstico. En este caso, una de las dinámicas que pudimos presenciar se centraba en la reflexión por parte de las lideresas campesinas de las causas, consecuencias y actores de las diversas violencias de las que se consideran víctimas: la violencia sexual, política, física, psicológica, económica, institucional, desplazamiento forzado, amenaza y feminicidio. A su vez, compartieron que acciones comunales, desde las JAC y los Comités de Mujeres, se están llevando a cabo y definieron qué aspectos se deben mejorar teniendo en cuenta sus necesidades.

Posteriormente, algunas compañeras de IAP pudieron acompañar en la presentación de los resultados de esta iniciativa, que incluyó los protocolos, creados a través de los insumos de los talleres, en los que se define cómo actuar cuando ocurre algún hecho de violencia sexual, física, psicológica, verbal y económica. Así, por ejemplo, ante una violencia sexual, se definieron activar varias acciones: desde la denuncia ante las JAC, específicamente ante el Comité de Mujeres, ante la comisaría y la fiscalía, así como la proporción de asilo para la víctima, entre otras acciones.

Desde este feminismo campesino y popular que impulsa la ACVC-RAN, se ha logrado avanzar en alternativas que surgen de la propia comunidad. “Es significativo como mujeres porque eso va a permitir abrir el debate frente a como se están tratando las violencias basadas en género, cómo las estamos interviniendo como comunidades y cómo las instituciones también pueden llegar a poder garantizar esos derechos fundamentales de las mujeres”, declara la lideresa social.

Estos protocolos son mecanismos de protección y autoprotección ante estas violencias, siendo necesaria también la implicación institucional para que sean efectivos. Tal y como nos cuenta Cuéllar, esta implicación es relevante porque el Estado colombiano tiene la obligación de estar presente en los territorios para garantizar los derechos de todas las mujeres, incluso de las que se encuentran lejos.

Iniciativas que permiten consolidar una verdadera paz territorial en Colombia, también para las mujeres campesinas. Como concluye Cuéllar: “Estamos tratando que las futuras generaciones vean estos territorios no como unos territorios violentos, sino como unos territorios de paz, territorios con garantías para las mujeres, donde las niñas también puedan tener alternativas y ese libre desarrollo de su personalidad”.