Por el territorio, la vida digna y la paz. Que no caiga en el olvido

25 de Agosto de 2016. Los medios de comunicación se hacen eco del día histórico que se vivió en Colombia. El cierre de las negociaciones de paz en la Habana acapara todas las miradas, la atención de los medios, expectación y diferentes muestras de solidaridad. Se habla del protagonismo de las organizaciones sociales y de la comunidad en la construcción de la paz.

Es precisamente por ello, que quiero recordar el “Campamento de Refugio Humanitario, por la paz y por la vida” que se constituía hace apenas dos meses en Puerto López (El Bagre, Antioquia). Porque como tantas iniciativas, también están apostándole a la paz.

27 de Junio de 2016. Colombia es el país con mayor desplazamiento forzado en el mundo según la ONU. Me encuentro en el Bagre, municipio en el que ya había estado anteriormente, y que por desgracia, es una muestra de esta realidad. Los asesinatos selectivos (17 en lo que va de año), torturas, hostigamientos y enfrentamientos entre paramilitares e insurgencias provocaban al desplazamiento masivo de las comunidades de Puerto Claver a principios de año, y lo mismo comenzaba a suceder en Puerto López.

William Castillo, uno de los fundadores de AHERAMIGUA y líder campesino de la zona era asesinado en marzo por denunciar este desplazamiento. Ese día su imagen era el emblema de la “Marcha por la Paz, la Vida y la Permanencia en el Territorio” que servía de preámbulo a la instalación del Refugio Humanitario.

Nos encontramos en Puerto López. Las participantes de la marcha, procedentes de Bogotá, Medellín, la zona rural de El Bagre…son las mismas que comienzan a acondicionar el espacio que durante días, se convertirá en la sede del campamento de Refugio Humanitario. Pero no nos quedemos con que el campamento es sólo un espacio físico, porque fue mucho más que eso.

Por un lado, era un espacio delimitado. Era todo el corregimiento de Puerto López, que se había declarado como refugio humanitario con la intención de ser un territorio libre de actores armados. Las pancartas situadas en las vías de acceso, informaban de que a partir de ese punto, comenzaba el refugio. Pero también fue un espacio más micro, en el que se dormía, se cocinaba, se convivía…

Un total de 3 ubicaciones diferentes en las que se centralizó parte de la actividad del campamento: el hogar del adulto mayor, que se inundó; la escuela rural, que cedieron antes de dar comienzo a las clases; una sede prácticamente abandonada, en la que se amontonaban las carpas y hamacas. En todos ellos se invirtió mucho esfuerzo para acondicionarlos y salvar la falta de agua, de saneamiento… que es generalizada en todo Puerto López.

Por otro lado, era una acción dirigida a la población del lugar, que de una u otra forma había experimentado la violencia. Las participantes del refugio (gente de veredas próximas y de diferentes colectivos) trataban de llegar a todos los barrios, a las canchas de fútbol, a las plazas… en un intento de romper con el clima de miedo que se respiraba. Una obra de teatro con las niñas del colegio o un cine-fórum intentaban devolver la vida a los espacios públicos del pueblo. La participación tenía que estar por encima del miedo, incluso cuando llegaban amenazas por participar en las actividades del campamento.

Ya por último, el campamento de Refugio Humanitario fue un escenario para la exigencia al Estado. Una medida necesaria tras conocer que 70 personas podrían ser asesinadas a manos de paramilitares. Un llamado a garantizar el derecho a la vida y a la integridad de la población de El Bagre. Una iniciativa que permanecería hasta que se llegasen a acuerdos con el Gobierno nacional, y que finalizó cuando se llegaron a compromisos basados en el pliego de exigencias elaborado desde el Campamento de Refugio Humanitario.

Por ser el 25 de agosto el día en el que se recordará a Colombia, hagamos también por recordar que en sitios como Puerto López, todavía queda un largo camino hasta la consecución de la paz.

Que no caiga en el olvido.


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