Socializando la paz

Resulta curioso ver cómo se las ingenia el personal para conseguir una rayita de cobertura en sus celulares. Algunos clavan un palo con una madera horizontal, a modo de soporte, porque allá suele haber señal. No es directa, claro, hay que dejar reposar el aparato y esperar a que los dioses de las telecomunicaciones respondan. Otros dejan el teléfono metido en una bolsita colgada estratégicamente. A otros, en cambio, les toca hacer una excursión y subir a un alto para comunicarse. No tienen tanta suerte.

Y es que en terreno, como le llamamos, no hay cobertura: es una mas de las dejaciones del estado en esas zonas por las que nos movemos. Perdón, por las que se mueven esas organizaciones a quien acompañamos. Pero es que aunque haya cobertura, hay organizaciones que prefieren pegarse la gran caminata para comunicar cosas importantes porque en el pasado, a través de escuchas telefónicas, han habido detenciones. Es mejor hablar cara a cara para que no haya invitados inoportunos, y para eso toca darse la paliza.

También resulta curioso, a veces, después de haber recorrido en cualquier medio de transporte imaginable quilómetros y quilómetros de pistas de tierra, como llegas a un lugar, que a ti te parece cercano al fin del mundo, y están dando por la tele el partido de Champions gracias al receptor satelital, cómodamente instalado en la cantina de la vereda. Pero vamos, eso no es lo que venía a contarles.

El caso es que en esos territorios olvidados raramente hay internet, por ejemplo. En la mayoría de ocasiones, las campesinas se informan, si es que pueden, a través de las dos grandes cadenas de televisión nacionales: RCN y Caracol. O por radio, a través de la omnipresente emisora del ejército. Nota: Informarse se acerca al eufemismo en este caso. La pedagogía que dan los canales del establishment sobre, digamos, el proceso de paz de la Habana entre gobierno y la guerrilla de las FARC es inexistente, por no decir que son críticas con el mismo.

Y todo esto para decir que la gente, en terreno, no está informada sobre lo que pasa en Cuba, o está mal informada. Y todo esto para decir que ahí entra el trabajo que está haciendo durante estas semanas la Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat), porque en estos territorios, donde abundan los cultivos de coca y donde se avecina una reforma agraria, lo que se está hablando en la Habana es de vital importancia. Porque puede darse el caso de que lo que salga de allí, si es que acaba saliendos, lo cambie todo para estos campesinos y campesinas.

Por eso, en el transcurso de sus actividades y eventos normales, este año Ascamcat siempre se guarda un espacio para socializar los diálogos de paz en las comunidades. Así, ya sea una escuela política juvenil, una reunión de la Guardia Campesina (ya hablaremos de ella) o una reunión con la comunidad en una aldea perdida del municipio del Carmen, les toca explicar qué se está debatiendo y cómo puede afectar en la zona.

De los cinco puntos de negociación, dos son los que para Ascamcat representan 10 años de trabajo: reforma rural y sustitución de cultivos ilícitos. No es que los otros tres puntos, que recordemos son la participación política, el fin del conflicto (cómo se van a dejar las armas) y la reparación a las víctimas, carezcan de importancia, pero sí que acentúan un poco mas los que les tocan de lleno.

La propuesta de reforma rural o agraria propuesta por la asociación, y otras muchas en todo el país, son las Zonas de Reserva Campesina (ZRC) y la titularidad de la tierra para el campesinado que la trabaja. Su idea es establecer un territorio donde los campesinos obtengan títulos de propiedad para trabajar la tierra y, así, salvarla de la entrada de grandes multinacionales extractivas que desplacen a la población. Hay que recordar que el campesinado ya trabaja esas tierras desde hace años, pero en el Catatumbo no disponen de títulos oficiales de propiedad.

En lo que cultivos ilícitos se refiere, la propuesta es implementar programas de sustitución gradual que conlleven planes de desarrollo integral tan obvios como la construcción de carreteras para poder sacar la mercancía al mercado. Hay muchos campesinos que antes plantaban, por ejemplo, yuca, banano o café y dejaron de hacerlo porque el coste del transporte no les daba para vivir. En cambio, la coca se la vienen a buscar.

“Si hay erradicación forzada de un solo campo de coca nos vamos al paro”, dicen en el Catatumbo. Claro, los planes del gobierno, o al menos una parte del gobierno, pasan por arrasar con las plantaciones y listo. Pero es que también hay contra propuesta gubernamental para las ZRC: la llamada ley de ZIDRES que pretende dar el título de propiedad, sí, pero para que el campesino arriende su tierra a la multinacional de turno.


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