Pseudoplatystoma Fasciatum (Bagre)

En Colombia dicen que no te fíes mucho de comer peces de río por aquello de la contaminación principalmente. La verdad es que la alta contaminación de muchos ríos y la sequía tan brava que asola el país puede justificar esto. Pero este escrito no es para hablar de peces y pescado aunque ahora sé que no me gusta el Bagre. El Bagre, además de un pez, es un Municipio localizado en el Bajo Cauca de la región de la Antioquía colombiana a unos 250 kilómetros de Medellín. Cuando llegas a la población, en la primera rotonda, un gigantesca figura de un bagre te da la bienvenida. Pero en el Bagre ya no quedan bagres, otra de las cientos de colomboparadojas.

El río Nechí casi no da pesca porque es un río que se ha desviado y dragado por activa y por pasiva por las compañías mineras en la enésima concesión de títulos mineros que amenaza gran parte del territorio colombiano. Draga de un río y río muerto. No hay bagre que lo soporte.

Antioquia, minería… Sí, hablamos de oro. Antioquia, minería, oro, ecosistemas desérticos, montañas de piedras y arena con agua altamente contaminada. Sí, hablamos de oro.

Y, en Colombia, si hablamos de oro hay que hablar de control territorial y en esa ecuación uno pisa terreno pantanoso.

Puerto Claver

Puerto Claver ya no tiene puerto, ahora sólo es un lugar donde unas pocas pangas recogen gente y llevan algo de mercancía. Y es que, en realidad, el puerto de Puerto Claver estaba al otro lado de donde está. Maravillas de la ingeniería civil que te cambia de lugar un río como si nada.

Estos días Puerto Claver es el lugar donde más de 500 personas (más de 100 familias) son vecinos inesperados. Pero, estas personas, no están de visita. Más bien están de paso pero sin saber muy bien hasta cuándo. Es lo que tiene ser un desplazado forzoso que tienes que salir pero no se sabe muy bien hacia donde, porqué y hasta cuándo

Ya de desde diciembre se venían dando conatos de enfrentamientos, retenciones ilegales y asesinatos en esa zona pero fue el 8 de enero cuando se produjo un combate entre Grupos Paramilitares, aunque oficialmente no existen y son meras bandas criminales o “bandidos” como nos decía el Comandante de la IV Brigada del Ejército, y una suma de fuerzas entre FARC y ELN según cuentan en la región.
Y esos combates se dan por el control territorial, esto se vive de modo diario en Colombia.

El temor de mi tío Andrés

Me he tenido que ir a otro continente, perderme por las veredas más recónditas de Colombia, caer en una llamada Moquiarriba para encontrarme con un temeroso Presidente de Junta de Acción Comunal que se apellida Más. Como yo. Y eso tiene que ser algo Más que una carambola espaciotemporal…

En las veredas de Moquiarriba, Moquiabajo, El Castillo y La Llana no se desarrollaron combates y, nos lo dijeron muchas veces, nadie les obligo ni les amenazó a salir y huir de sus casas pero mucha gente lo hizo. Para eso existe el mayor resorte que impacta en un humano. Se llama miedo y si lo cultivas con un chasquear de dedos aparece invadiéndolo todo. Y el miedo se ve, se palpa, se huele en toda esa zona. Todo son silencios, miradas esquivas. miradas que te cuentan sin hablar. Todo es desconfianza, pura desconfianza.

“Y ustedes ¿qué han traído?”

Sin embargo en las veredas de La Primavera y El Coral la cosa fue diferente. Ahí se dieron las incursiones, los combates, las amenazas, las desapariciones forzadas de civiles… Tres personas desaparecieron, dos ya aparecieron muertas. Uno de los cadáveres desmembrado y el otro de un señor de 82 años que fue enterrado junto a su casa dónde aún huele a muerte (literal). El tercero aún sigue desparecido pero en su casa aparecieron pintadas acusándolo de guerrillero…

El miedo existe, el miedo es real, impregna el ambiente.

Nadie huye de su casa por gusto con lo puesto aunque, para cierto mando uniformado, “la gente sigue fuera de sus casas porque quieren y son unos exagerados porque fueron tres balas de nada”.

En una conversación tensa, en esas circunstancias, hay que mantener la calma y ver donde se contradice tu interlocutor.

Porque no tiene sentido decir que la gente exagera mientras afirmas con orgullo que tienes a más de 300 soldados en la zona, porque no tiene sentido decir que es segura la situación cuando cada soldado cerca de un civil en entornos de combate lo pone en riesgo, porque no tiene sentido que te pregunten que qué hemos hecho nosotros (los internacionales) por esa gente que “qué les hemos llevado, que ellos han llevado colchones y comida y nosotros ¿qué?”.

Los hechos acontecidos esos días no tienen nada que ver con enfrentamientos entre “bandidos”. Estos hechos tienen que ver con una macabra partida de ajedrez que enlaza los acuerdos de La Habana con la mal llamada desmovilización de las estructuras paramilitares con el control fluvial y el mercado del oro.

Los hechos acontecidos te dan, nos dan, una dosis de realidad. Tan áspera como evidente. Y es que las cosas en este país parece que van cambiando pero a la vez parece que siguen igual.

Los hechos acontecidos muestran, una vez más, los dos planos de realidad que hay en Colombia en lo relativo al conflicto armado y sus derivadas de control territorial. El discurso de que ya está aquí la Paz frente a la realidad que dice que aquí sigue la guerra.


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