Las palabras sí importan y mucho

“El lenguaje no sólo describe la realidad, sino que además es capaz de crearla.” Mario Alonso Puig

En estos 11 meses he tenido acompañamientos largos y cortos, tan cortos como de un día. Parece poco, pero puede llegar a ser inolvidable.

La razón que nos había llevado al Bajo Cauca (Departamento de Santander) era una reunión entre una de las organización campesinas que acompañamos y varias veredas de la zona. Llega el momento de las presentaciones que dan inicio a la reunión y se emplea la palabra compañeros/as para referirse al resto de asistentes.

El diccionario de la Real Academia define compañero/a como persona que se acompaña con otra para algún fin. Pregunto a gente colombiana y no colombiana, de región y urbanita cómo definirían el término compañero/a. La respuesta es casi unánime: persona con la que se crea una relación laboral, de ayuda mutua, de afinidad, de confianza y/o de afecto con la que compartes objetivos comunes y/o un proyecto de vida. Pero la gente de región añade algo más y me habla del significado connotativo del término compañero, y compruebo que “se ha comido” al denotativo o literal.

Cuando le tocó el turno a la comunidad, comenzaron por aclarar que preferían que no se empleara el término compañero/a. No dieron cuenta de las razones, pero estaba claro que tenía que ver con el pasado, con el conflicto. Aquello me impactó.

Las palabras sí importan y mucho. Su uso especialmente en zona rural ha traído consecuencias graves, hasta el punto de perder la vida durante la arremetida paramilitar. Y todo porque asociaban el término compañero/a al vocabulario propio de la insurgencia, lo que obligaba a la gente a cuidarse mucho de emplearlo.

Meses atrás la ONU ha pedido suavizar el lenguaje para que haya paz sostenible en Colombia, afirmando que no se puede llegar a la paz, una paz sostenible, si la guerra sigue en la retórica de los políticos, de los líderes de la opinión pública.

De manera que el objetivo es cambiar el leguaje de guerra por un lenguaje de paz: Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia en lugar de terroristas o narcotraficantes, gobierno en lugar de oligarcas o títeres del imperio. La moderación del lenguaje ha sido parte de los procesos de reconciliación en el mundo.

¿Será que también toca reivindicar aquellas palabras estigmatizadas a causa del conflicto con el fin de devolverles su significado denotativo o literal y de lograr que se utilicen con libertad y sin miedo?


Compartir: