Marcha por la paz en Colombia

La paz coja

Que Colombia es un país de contrastes es algo que uno percibe desde que aterriza en el Aeropuerto de El Dorado. Quienes llegamos de un modo de vida “europeo” debemos adaptarnos rápidamente o esos contrastes, esas contradicciones y esa sensación de improvisación que impregna la vida cotidiana, pueden llegar a desesperarte.

Y, como dicen los colombianos, eso aguanta para las vicisitudes cotidianas y más si estás en remotas zonas rurales donde de la nada se hace virtud. De donde no hay repuestos se arregla un carro para que continúe por trochas imposibles y de donde no hay comida se alarga para que la rancha de más de sí. Ya se sabe, donde comen cuatro comen doce. De toda la vida. Los contrastes, la improvisación y el ritmo de la actual coyuntura han hecho que este artículo lo haya comenzado en tres ocasiones pero que se haya quedado desfasado en unos días. Creo que esto refleja lo que estamos viviendo los que estamos en este país.

Avances y retrocesos al mismo tiempo, firma de una cosa y puesta en escena de la contraria el mismo día, acuerdos en el papel e incumplimientos en las regiones. Alguien diría que esto es propio de un proceso dialéctico de la realidad y algo de eso tiene, pero tiene más de incapacidad y de fragilidad de la realidad, en mi opinión.

La Paz coja.

¿Ejemplos? Hay tantos…

Si me dicen hace unos meses que tendría la fortuna de visitar de primera mano una Zona Veredal Transitoria de Normalización y que llegaría en carro con aire acondicionado escuchando a Pink Floyd o a los Zeppelin, no me lo hubiera creído pero ha ocurrido. Eso sí, eso ocurrió hace un mes y ahora en ese mismo lugar hay operativos del ejército contra la minería artesanal y confirman que los va a seguir habiendo. Se respira en el horizonte próximo un paro minero y enfrentamientos. Todo esto a escasos metros de donde más de 500 excombatientes de las FARC están en proceso de desarme e integración de la vida civil.

La Paz coja, que cojea.

Hablaba con “Daza” el otro día entre conversaciones serias y risas. “Daza” es un líder de la Fundación DHOC de la zona del Guaviare y me contaba con una mezcla entre estupefacción, resignación y risas que hace unas semanas se firmó, con toda la pompa y honores, un acuerdo para la sustitución gradual de los cultivos de coca en esa región. Pues bien, ese mismo día entraban erradicadores a arrancar esos cultivos.

Paz coja, mano.

Al mismo Daza lo han “sacado” un ratico para Bogotá y le están gestionando la salida de Colombia en uno de los varios programas de acogida temporal que hay para Defensores de Derechos Humanos. Daza se ríe y dice que hace frío en Bogotá y que eso de Europa que qué y yo me río con él. Esta es otra de las tónicas habituales cuando hablas con líderes sociales amenazados. Otro de esos contrastes tan brutales. Hablas de cosas muy serias pero aparece el humor como desengrasante para circunstancias personales y situaciones de las comunidades que distan mucho de la risa.

Esto no es Paz, ni siquiera coja.

En muchas regiones en las que las FARC tenían gran presencia y, por tanto, control territorial su salida y repliegue en las ZVTN ha generado un vacío de poder y de control territorial. De este modo otros actores están ocupando violentamente esos espacios. La presencia de bandas paramilitares con actividades delictivas como amenazas, secuestros, extorsión, desplazamiento forzado y asesinatos han aumentado. Lo dicen las cifras. Todas las fuentes lo confirman. Y esta realidad es una paradoja en sí misma ya que el Gobierno afirma que no existe fenómeno paramilitar y que no hay una sistematicidad en la cifra creciente de líderes sociales, campesinos y comunitarios asesinados. Pero los muertos siguen haciendo presencia en un mapa determinado que sí marca una suerte de muga macabra.

La Paz con paradojas es una Paz coja.

Hace sólo uno días la ONU presentó en Bogotá su informe anual sobre Derechos Humanos y las conclusiones son aterradoras más si se supone que estamos en un clima de no guerra, que se han firmado unos acuerdos y que, por el momento, hay una parte que los está cumpliendo escrupulosamente y la otra no. Esperemos que los unos no se cansen de incumplimientos y que los otros cumplan ya porque si no Paz que cojea es mala Paz. Como decía, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Colombia acaba de sacar su informe de 2016 sobre Derechos Humanos y afirma, por ejemplo, que en 2016 hubo 389 ataques de diferente índole a líderes sociales. Y reconoce que hay más pero sólo cuentan líderes. Los departamentos más afectados por todo tipo de agresiones fueron Antioquia, Bogotá, Cauca, Meta, Norte de Santander y Valle del Cauca. En la mayor parte de estos Departamentos trabajamos desde IAP, por eso sabemos que estos datos y estas tendencias son reales. Eso en el año de los Acuerdos de Paz.

Paz sin Paz, no es Paz.

Mientras todo esto sucede, en el Senado y en la Cámara de representantes la actividad ha sido y es frenética en los últimos meses. Los Acuerdos de Paz han necesitado y necesitan ser legitimados y legalizados y eso, a su vez, conlleva la generación de nuevos marcos legislativos, nuevas institucionalidades y eso pasa por hacer Leyes nuevas y reglamentar. Pero mientras esto ocurre en Bogotá en las regiones hay grandísimos problemas para cumplir lo pactado y se enreda la realidad entre contratistas que no cumplen, con problemas logísticos y retraso de meses en las ZVTN y sus accesos, por ejemplo.

La Paz a varias velocidades.

Tampoco podemos olvidar que en Colombia habrá elecciones presidenciales en 2018 y ya desde finales de 2016 se ven movimientos y maniobras de partidos políticos y precandidatos. El Presidente Santos está más pendiente de terminar su mandato con los honores de haber firmado la Paz con las FARC, su premio Nobel y la visita del Papa en septiembre como colofón, que de otras cosas como gobernar. Ya se perfilan y se postulan personas y personajes de todo tipo y pelaje político de derecha a izquierda. Las FARC conformarán su nuevo partido político en mayo… Sin embargo, donde parece que estará el debate es en trascender los tradicionales ejes derecha/izquierda por aunar esfuerzos de diferentes colores ideológicos para apostar un periodo presidencial, al menos, que sostenga y apuntale el Proceso de Paz y su desarrollo como eje fundamental porque si no corremos el riesgo de tener una Paz coja.

Política tramposa da Paz coja.

Y como dice el dicho antes se coge al mentiroso que al cojo. Y hay que estar alerta porque hay demasiados intereses mentirosos, contradictorios y poco claros. Colombia está hoy en un momento más delicado que antes de la firma de los Acuerdos de Paz. La sensación de jugar con nitroglicerina es constante. Hay demasiados discursos trampa y demasiadas actitudes tramposas.

Y una Paz mentirosa y tramposa será una Paz coja y para esto se necesitan las dos alas, las dos patas y mucha fuerza para volar.


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