La herida del Cañón de Cucuana

Una herida quirúrgica se le ha pronosticado al Cañon de Cucuana para los próximos 50 años. Las comunidades campesinas e indígenas, que habitan estos montes del Tolima, están seriamente preocupadas por el estado de salud de su tierra nativa.

Aproximadamente a cuatro horas de Ibagué, recorriendo en carro la carretera que sube por la cordillera central del Sur del Tolima, la montaña se hace escarpada y se forman fuertes pendientes. El río Cucuana se encañona por estos montes y da vida a un verde valle fluvial, largo y profundo. La carretera, que de Playa Rica – municipio de San Antonio – sube por más de 1500 metros hasta el municipio de Roncesvalles, deslumbra un paisaje rico de vegetación y de variadas especies arbóreas. El tranquilo pueblito de Roncesvalles surge a 2640 metros de altitud, aquí el clima se vuelve más frio y, gracias también a la característica presencia de la palma de cera, el valle nos regala una vista hermosa. La gente que vive en esta región basa su economía de subsistencia en el cultivo de papa, maíz y fruta, además muchos se dedican a la comercialización de café y frijoles.

La presencia, en la zona, del conflicto entre ejército y guerrilla, ha creado condiciones de vulnerabilidad para la población local, que, en muchas ocasiones, se vio afectada por el uno y el otro grupo armado. Pero, desde hace unos diez años, otra problemática llegó a amenazar la paz de estas comunidades tolimenses. Aproximadamente a mitad camino entre Playa Rica y Roncesvalles, en la vereda de San Jerónimo, se decidió, en el 2004, construir una central hidroeléctrica a filo de agua, disfrutando de las generosas aguas del río Cucuana y de las fuertes pendientes del cañón.

El día 17 de noviembre, los campesinos y los indígenas de la región han decidido reunirse para empezar un paro por tiempo indefinido, hasta que se le dé motivo de abandonar sus fuertes preocupaciones.

Antecedentes

“El proyecto hidroeléctrico estaba en proyección desde hace 25 años, inicialmente se hablaba de una inundación, pero eso fue cambiando por el proyecto a filo de agua”, nos cuenta un líder de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Tolima (Astracatol). En efecto, con el acuerdo 5 del 7 de marzo de 2004, el consejo municipal de Roncesvalles, encabezado por la alcadesa Cubillos, decidió “proyectar, desarrollar y ejecutar el proyecto de la hidroeléctrica del río Cucuana”. Entonces, como el municipio no tenía recursos para desarrollar el proyecto, se decidió constituir una sociedad comercial de carácter privado, bajo las siguientes condiciones expresadas en el acuerdo 5. Siendo el municipio el que pone la materia prima y siendo la materia prima “imprenscindible, inalienable, inembargable”, el 10% anuales de las utilidades netas le corresponderán al Municipio, para desarrollar “proyectos de caracter educativo, social y ambiental”; además, “la empresa que se constituya tendrá que prestar el servicio de energía al Municipio de Roncesvalles Tolima y la tarifa básica para los usuarios debe tener mínimo un descuento del 20% sobre las tarifas promedio nacional”.

Nace, entonces, la sociedad comercial “Ecocucuana S.A.” y, en el 2007, el Municipio de Roncesvalles firma un acuerdo de cooperación con la Empresa de Energía del Pacifico (EPSA S.A.). “Practimamente se vendió el proyecto”, comenta un líder campesino y sigue explicando: “En este acuerdo no tomaron la totalidad del acuerdo administrativo del 2004, sino solamente lo que le beneficiaba a la empresa. Todo el tema del 10%, de las materias primas inalienables, del subsidio de energía del 20% no se tomó en cuenta”. Con la cesión del proyecto a la empresa Epsa S.A., el Municipio, a expensas de la comunidad, perdió la posibilidad de tener un ingreso anual de 6-7 mil millones de pesos, imprescindible para desarrollar los proyectos educativos, sociales y ambientales que tanto necesita la región. Además, el territorio se vio obligado a convivir con una hidroeléctrica que tiene una vida de 50 años, y que crea fuertes impactos ambientales, sociales y culturales.

Impactos

En el año 2010 empieza el proceso de construcción. Grandes camiones empezaron a subir desde Ibagué transportando materiales pesados. “Al principio la gente hablaba bien de la obra porque todavía confiaban en los beneficios”, comenta Luis Carlos, un líder de Astracatol. “Pero, de inmediato, se empiezan a ver los daños. A los trabajadores de la región los pagaban menos y tenían menos días de vacaciones. Los que venían de afuera tenían 5 días de descanso por mes, mientras que los de aquí descansaban 2 días. Además, a ellos, se le pagaba 200 mil pesos más.”

La región de Playa Rica hasta Roncesvalles empezó a llenarse de obreros contratados por la empresa EPSA, llegaron alrededor de 1000-1500 personas. Esto causó un impacto negativo porque, de pronto, dañó el equilibrio social y se generó la consecuente pérdida de valores dentro de las comunidades, como nos deja entender Luis Carlos: “Viene gente buena, cordial, pero también viene gente con vicios y espendedores de drogas. Crecen los índices de alcoholismo, los índices de prostitución y de drogadicción.” Además el costo de la vida empezó a aumentar, en especial forma el costo de los arriendos.

Igual que los impactos sociales, la comunidad pudo darse cuenta de los daños ambientales: “Para canalizar el agua tienes que perforar y hacer grandes túneles en el monte. En Cucuana se hicieron, aproximadamente, de 2 a 3 km de túneles. Si perforas un cerro de lado a lado, lo más seguro es que el agua de la parte de arriba desaparezca. En la vereda Ayacucho del municipio de Roncesvalles, a un señor se le han secado dos quebradas. Una finca sin agua no puede sobrevivir, no puede tener animales, ni cultivar”. También la comunidad afirma que, aunque la pesca no es una de las actividades principales de la región, ya es difícil encontrar peces en el río; y, además, se destrozaron bosques, se tumbaron árboles y ejemplares de cedro que ya son muy difíciles de recuperar. “Nosotros contamos con algo muy valioso, la palma de cera y el loro real amarillo. Por cada ejemplar de palma que se tumbe la empresa siembra diez más, pero si se tumba una palma de 50 años de edad donde hay un hábitat de loro, el loro no se va a vivir en una palmita de 1 cm de alto”, explica un campesino.

La pequeña hidroeléctrica a filo de agua no tiene un impacto ambiental fuerte como una central hidroeléctrica de embalse o de inundación, pero sí produce fuertes daños a una población vulnerable como la del Cucuana. Especialmente cuando los acuerdos de desarrollo educativo, social y ambiental no se cumplen, y la empresa constructora se queda con todos los beneficios económicos.

Situación energética en el departamento del Tolima

El plan nacional de desarrollo 2010-2014 se puso como objetivo lograr que el país tenga “una tasa de crecimiento potencial del 6 por ciento o más de manera sostenida y sostenible social y ambientalmente”. La locomotora minero-energética es uno de los pilares principales para el crecimiento económico del País y para la generación de empleo.

Los proyectos hidroeléctricos hacen parte de esta política económica y, en el territorio colombiano, se están realizando principalmente dos tipos de hidroeléctricas: por embalse – o a inundación – y a filo de agua. En el departamento del Tolima encontramos sólo construcciones del segundo tipo.

Segun un líder de Astracatol existen 12 proyectos que se quieren realizar en el Sur del Tolima. De estos 12 proyectos uno, en el río Amullá, municipio de Chaparral, cañon de Las Hermosas, ya está funcionando; otro, en el cañon de Cucuana, entre los municipios de San Antonio y Roncesvalles, está en una fase de construcción del 95-97%, y en unos meses entrará en funcionamiento; algunos se encuentran en fase de estudio, como el del municipio Planadas, en el rio Atá; mientras que otros ya obtuvieron la licencia ambiental, como el del municipio de Roncesvalles, en el río Chilí.

Debido a esta situación, líderes de los municipios donde se están haciendo estudios ambientales para obtener la licencia, llegaron al cañon de Cucuana para averiguar los beneficios que la hidroeléctrica realmente produce para la comunidad.

Los habitantes de Planadas, enterandose de los impactos ambientales y sociales generados en este otro contexto, decidieron decir ¡NO a la hidroeléctrica! y, según la organización Astracatol, el 14 de noviembre pasado, 10.000 personas marcharon en Planadas para oponerse al proyecto, con el lema: ¡Porqué el río Atá es vida … Por nuestros derechos, nuestra tierra y nuestro futuro!

Paro en el cañon de Cucuana

A 20 minutos en moto de Playa Rica hacia el municipio de Ronsesvalles la carretera está parada, unas piedras y unos hombres impiden el paso. Hace falta mirar la montaña para darse cuenta de lo que está pasando. Desde el tope del cañon una herida recurre la montaña hasta llegar al pie del monte donde fluye el río Cucuana. La herida no está suturada. Un cartel con un escrito, en el medio de la carretera, dice: “Si el pliego no tiene solución, la resistencia no tiene discusión”.

Hace un año la comunidad empezó un proceso de resistencia social. En abril de 2013 la gente de esta región decidió ir a paro para pretender de la empresa EPSA S.A. las garantías de desarrollo educativo, social y ambiental previstas en el acuerdo del acto administrativo del 2004. La resistencia duró 10 días, se formuló un pliego y se estableció una mesa de diálogo con la empresa, el gobernador del departamento del Tolima, la alcadesa municipal de Roncesvalles, el alcalde del municipio de San Antonio, algunos concejales, y 14 voceros que representaban la comunidad indígena y campesina. Al terminar la mesa, se firmó un acta de acuerdo con la empresa para que se solucionaran problemas de vías terciarias, electrificación rural, vivienda y para que se invirtieran 300 millones de pesos en proyectos educativos, para ciencia y tecnología.

“En lugar de invertir en ciencia y tecnología, pintaron las escuelas, les pusieron puertas nuevas, pintaron los baños; las escuelas quedaron muy bonitas, pero sin ciencia ni tecnología”, comenta un líder local y sigue explicando: “A pesar de que hay un proyecto hidroeléctrico, muchas veredas, en los dos municipios, no cuentan con electrificación. Por culpa de los contratos supremamente elevados, no se alcanza electrificar ninguna vereda. Pero para pintar un salón de 6×6 se van 9 millones de pesos.”

A distancia de un año y medio, los líderes advierten que EPSA S.A. no cumplió con el acuerdo y, entonces, los indígenas de San Antonio y los campesinos de esta región del Tolima tomaron la decisión de volver a paro. Quieren defender el acuerdo del 10% que le corresponde a la región de Cucuana; quieren los recursos para el desarrollo educativo, social y ambiental; quieren defender el futuro de sus hijos; piden una mesa de diálogo que se desarrolle en el casco urbano de Roncesvalles o al lado de la hidroélectrica; piden que se firme un documento serio con soluciones concretas.

El día es caliente y la noche es fría en la carretera del cañón de Cucuana. Cuando las nubes cubren el cielo, la lluvia cae a cántaros. Dicen que hay alrededor de 500 militares en defensa de la hidroeléctrica. La organización internacional “IAP Actionpeace” está acompañando el paro y a los líderes de Astracatol.

La resistencia sigue, por tiempo indefinido, hasta que se logren soluciones concretas.

P.D: El día 22 de noviembre, después de 5 días de paro, se convocó una mesa de diálogo con la empresa, en el casco urbano de Roncesvalles.


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