Ilusión por Colombia

Me tocó llegar a Colombia justo después del anuncio del acuerdo final de paz entre el gobierno y las FARC.

Todavía no conozco bien la situación del país, pero tres semanas después, sigo sintiéndome ilusionado de aprender de la gente que aquí voy conociendo, como el grupo de la Escuela de Formación Sandra Rondón, que el miércoles hacían campaña por el SI a los acuerdos de paz en la zona deportiva de Barrancabermeja. En ellas y ellos también veo la ilusión de quien ayuda a su país a dar un gran paso para vivir mejor. Desde una tarima y con un micro, animan a votar por el SI y animan a que se acerquen a debatir a aquellos que votaran por el NO.

Lo importante del tema es que los que piensan diferente puedan dialogar y, sobretodo, dejar de matarse por sus diferencias ideológicas. Lo importante también es que las niñas y niños colombianos que ahora nacen no conozcan un país manchado de sangre como lo han conocido las generaciones anteriores. Siento la seguridad y la confianza de que mi experiencia en este país se dará como yo soñaba, igual que tengo la seguridad de que el 2 de octubre será una fecha que pasará a la historia de Colombia.

Mientras escribo estas líneas escucho al vecino hablar del plebiscito y de arreglar el problema de la tierra para los campesinos. Ya he podido conocer a algunos campesinos catatumberos, en el acompañamiento del Foro por la Paz organizado en Tibú el pasado 17 de septiembre, y son gente buena y humilde. Gracias a ellos, que son los que están sufriendo la guerra, comemos en las ciudades. Me imagino que la gente del campo solo quiere disfrutar de una vida tranquila y al final poder pasar sus tierras a sus hijos, pero en Colombia esto hasta ahora ha resultado muy difícil, por la violencia y los desplazamientos forzados que han sufrido.

Estigmatización, amenazas y asesinatos es el precio que los campesinos han pagado por habitar unas tierras ricas en recursos que algunos ricos y poderosos sin escrúpulos quieren para serlo aún más. Ni esta gente ni los que han utilizado para ejecutar estas acciones estuvieron en la mesa de negociación de La Habana, así que aún no podremos hablar de una paz real, pero los colombianos tienen una oportunidad de tener (después de 200 años de historia) su primera Reforma Agraria; la oportunidad de que todas las ideas sean representadas políticamente; de ponerle solución al problema de las drogas y la oportunidad de esclarecer la verdad de los delitos y reparar a las víctimas del conflicto.

Para ello solo tienen que dar una simple respuesta, SI o NO. Esta vez no se trata de decidirse por unos políticos que hablan muy bien o por otros que luego te defraudan.

Como nosotros debemos, por mandato, ser neutrales me quedo esperando a que llegue el día con la ilusión de un aprendiz que quiere acompañar a líderes campesinos. En el último viaje me tocó acompañar a una activista que hasta entonces solo conocía por vídeos, y es un orgullo vivir estas experiencias en este momento histórico.


Compartir: