Educar. O cómo fortalecer la defensa de los Derechos Humanos

La defensa de los derechos comienza por conocer qué derechos nos corresponden. De ahí que el trabajo por fortalecer la educación sea una constante en las organizaciones defensoras de DDHH en Colombia; también en el caso de ASTRACATOL (Asociación de Trabajadores Campesinos del Tolima) a quien acompañamos en esta ocasión. Porque educar es encaminar, hacernos conscientes de lo que nos rodea.

En las proximidades de un colegio comenzaba la gira para trabajar con las subdirectivas y abordar la situación de los DDHH y DIH. Padres y madres (con sus peques) se interesaban por conocer la pedagogía para la paz de los acuerdos de la Habana. Mientras, ASTRACATOL, hablaba de fortalecer la organización: articular el trabajo con otras entidades para capacitar a la juventud. Y es que capacitar, socializar también es educar. Muy diferente (y contraria al DIH) era la actividad que se desarrollaba a km. de distancia, en las inmediaciones de un colegio: una brigada cívico-militar del ejército.

Y es que sin mencionarla directamente, la educación está presente en el día a día de las organizaciones campesinas defensoras de DDHH. En el encuentro denominado “construcción de espacios de paz en nuestras bases” abundaba el profesorado.

¿Su importancia a la hora de tratar temas como el Oleoducto al Pacífico o la socialización de los diálogos de paz?, la responsabilidad que tienen de “orientar a las nuevas generaciones”. Tampoco faltaba la juventud que formaba parte de la guardia campesina o se involucraba en las mesas de trabajo. Jóvenes organizadas de antemano, porque en su día vieron necesario participar, y su comunidad también sintió la necesidad de ese relevo.

Porque no podría ser de otra manera. Es inevitable que una joven no se implique cuando está en medio del conflicto. Cuando se asoma al balcón de su casa y lo primero que ve encima de los cafetales son dos bases militares que presiden la zona; cuando es quien ayuda a su abuela a narrar un tiroteo en casa, y le recuerda las amenazas del hombre que disparaba; cuando en su vocabulario aparece la palabra extorsión para explicar las llamadas que le hicieron a su padre desconocidos; cuando asume como su responsabilidad denunciar esta realidad.

Cuando el trabajo se hace con toda la comunidad, no es de extrañar que conozcas a muchas niñas y jóvenes.

Y entre tinto y tinto, conocí a M.

M. vive en una vereda próxima a Planadas, en medio del conflicto.

Me dirige la palabra porque es la segunda vez que ve a una internacional, y tiene curiosidad por saber si llegué en avión. Me cuenta que nunca vio uno, pero que sí suele ver helicópteros sobrevolando su casa. De hecho, llegó a ver a uno muy de cerca, aterrizando en el patio de su colegio, mientras la profesora le regañaba para que se alejase. Pocos días antes de que llegásemos, una piedra caída de la montaña destrozó la cocina de la escuela, motivo por el no estaban yendo a clase.

Pero no todo el absentismo y abandono escolar se debe a causas naturales. En Planadas, municipio tildado de guerrillero por surgir allí las FARC, el profesorado deja de ir o no llega. Y no sólo por la dificultad para acceder a las veredas por trochas (pistas de tierra) a falta de vías. La situación de miedo cada vez compensa menos para quienes viven y para quienes trabajan allí. M. me comenta que al final todas sus amigas se acaban yendo del lugar. Alguna relación existirá entre esto y la familia que asesinaron a pocos metros de su casa, en 2011.

Y es que cuando piensan en la juventud, las organizaciones piensan en el campesinado de mañana; por eso también tratan este tema en reuniones de incidencia. Uno de los miembros de ASTRACATOL pregunta a diferentes autoridades por los refrigerios escolares, además del transporte, y otra serie de puntos que garantizan el acceso a la educación. Habrá quien no vea la relación entre esto y trabajar por el fortalecimiento de las comunidades campesinas. Pero la explicación es simple: todo lo que motive que una niña deje de tener derecho a la educación limita su futuro.

Lo limita hasta el punto, que en palabras de uno de los personeros municipales, no ofrece más alternativa que ser “amapolero, camionero o actor armado”. Y eso no es compatible con trabajar por el fortalecimiento de las comunidades campesinas.

Al final, encaminar, socializar…son diferentes términos para decir “educar”. Y esto se corrobora con las palabras de una de las últimas personas con las que ASTRACATOL se reunió en la gira. En su análisis de la situación, comentaba la importancia de que las personas conociesen sus derechos y la manera de exigir su cumplimiento.

Y yo me pregunto, ¿tendrá relación?

¿Tendrá que ver que las personas que se dedican a trabajar en pro de los Derechos Humanos, en el trabajo comunitario, en las organizaciones sociales sean siempre las más amenazadas y las que, finalmente, se la juegan?


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