Distinguidos y Dragoneantes

No era la primera vez que entraba en una cárcel. La verdad es que es lo mismo las veces que hayas estado en una cárcel y da igual donde esté ubicada porque las sensaciones que transmite una cárcel  cuando llegas son las mismas, cuando estás dentro son idénticas y cuándo sales  también.

Una vez más la idiosincrasia colombiana hizo del proceso de gestión de una solicitud de una visita a un preso una situación que oscilaba entre lo divertido, lo inesperado y lo incierto casi hasta el último día. Y es que aquí las cosas son así y este es el terreno de juego. Así que tras tres semanas de gestiones una comisión de International Action for Peace y de la Asociación Catalana por la Paz pudimos entrar en la cárcel de Villavicencio.

Era el 16 de julio de este año y, mientras luchaba por sacudirme los sanfermines en mi Pamplona natal, desayuné con la noticia de que Esmer Montilla (Presidente de la Fundación DHOC), Samuel Rojas (Defensor de DDHH), Ramiro Atehortua (Dirigente campesino y miembro de REMA – ACPP) e Ingrid Pinilla (Líder campesina y vicepresidenta de ASCATRAGUA) todos miembros de Marcha Patriótica, habían sido detenidos.

A Samuel no lo conocía, con Ingrid estuve en la organización de la Marcha por la Paz en Bogotá el pasado abril y, paradójicamente, estuvimos juntos en una reunión de coordinación en la estación de policía de San José del Guaviare, con Ramiro me tocó interlocutar y negociar durante más dos horas con la infantería de Marina acompañando a mas de 700 campesinos que iban a aquella marcha mencionada anteriormente y con Monti… con Monti, tanto mis compañeros de IAP como yo, hemos compartido muchos momentos y situaciones.

Así que el choque emocional fue duro, la sensación de que qué hacía yo a miles de kilómetros y no en Colombia me angustió cómo si yo fuese capaz de solucionar algo desde la otra punta del mundo. La realidad es que cuatro pilares del movimiento social de la región de El Meta fueron judicializados de un día para otro bajo cargos de unos hechos acaecidos en 2013 y por las que aún no han sido juzgados y esto se demorará.

Y en esta situación llegamos a la cárcel de Villavicencio. La cárceles, junto a los aeropuertos, son los lugares del planeta que más veces tienes que identificarte por metro cuadro y por segundo cúbico. Da igual que hayas enseñado, leído, cantado y recitado tu número de identificación cinco veces que el próximo guarda te volverá a solicitar el documento y que pongas tu huella dactilar en un libro de visitas del siglo XIX por enésima vez. Son las reglas, es el protocolo, señor. Y nosotros somos muy de protocolos.

La visita comenzó con una cara de susto de un bachiller del INPEC al ver asomar a dos europeos, siguió con la bienvenida del segundo de la cárcel que nos dejo en manos del Distinguido Bejarano que nos contó las excelencias del sistema formativo que tienen para los presos y ya nos dejaron en manos de nuestro acompañante durante toda la visita, el Dragoneante Zambrano.

El sistema carcelario como ecosistema panóptico, particular y fuera de la realidad tiene sus propias normas, sus propias autoridades, sus propios equilibrios y su propia realidad. Una suerte de Matrix real pero fuera de la realidad cotidiana.

Distinguidos y Dragoneantes.

Y esto se percibe cuando un Dragoneante te conduce a un patio carcelario donde más de 500 personas conforman ese ecosistema en frágil equilibrio porque hay una hacinamiento del 80%, donde han habido brotes de tuberculosis y tres muertos por enfermedad en dos años pero que, sin embargo, mantiene la estabilidad y el orden porque hay una autoridad que no tiene que ver con Dragoneantes. Un juego de tronos donde los siete reinos conviven con una suma de autoridad interna y externa que se balancea mientras las personas que están ahí dentro pasan parte de su vida esperando salir de esa realidad paralela.

Levantada a las 4.00 am, salida al patio a las 6.40 am, comida a las 9.30 am, cena a las 2.30 pm y 3.30 pm vuelta a la celda hasta el día siguiente. Para las visitas, el primer domingo de mes pueden llevar útiles de aseo, el segundo ropa, el tercero pueden ir niños y el cuarto de nuevo se pueden llevar útiles de aseo. Sí, es una realidad paralela.

Sin embargo, Samuel, Ramiro y Monti están fuertes, son optimistas. Transmiten confianza en que su país ha escogido la vía de la solución política. Cuentan como hay jóvenes en la cárcel con bachillerato o más formación pero que no han tenido oportunidades, cayeron en la pobreza y de ahí en la delincuencia. “No es por nosotros toda esta lucha, es por los pelaos más jóvenes” nos decían.

Teníamos gran ilusión por visitarles en la cárcel pero no puedo negar que me sentí aliviado cuando salí a la calle y me alejé de un universo donde Dinstinguidos y Dragoneantes son autoridad.


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