Casos aislados, casos personales

Sistematicidad en los asesinatos de líderes sociales y campesinos colombianos.

Alejandra, ¿esas fotos de una casa de una abogada de la Fundación DHOC a la que han entrado a robar son de tu casa?

Sí.

¡Pucha! Y ¿cómo estás?

Pues Iñaki… Bien en general. A mí no me pasó nada… pero es incómodo el tema de seguridad…

Claro…

Alguien podría pensar que ya está este Iñaki creando clima para uno de sus artículos. Como le suele gustar a él, dejando en abierto desde el principio qué puede venir después para captar la atención. Pero esta vez no es así. Esa es una conversación real.

Es extraña, muy extraña, la sensación que tengo mientras escribo este artículo porque sé que entre lo escriba, le dé forma y mi compañero Miguel lo ponga en nuestra web al menos tres líderes sociales o campesinos van a ser asesinados en Colombia por defender lo acordado en los Acuerdos de Paz. También sé que es muy posible que eso se dé en los Departamentos de Cauca, Valle del Cauca, Nariño, Norte de Santander o Antioquia.

¿Por qué lo sé? Es mera estadística. Y los números dicen que hay una sistematicidad en el asesinato y otras violaciones de Derechos Humanos en Colombia a día de hoy.

Sí, hay una sistematicidad, porque es sistemático. Por aclarar.

El Gobierno colombiano huye del concepto de sistematicidad como de la peste y emplea un eufemismo que es el de los “casos aislados”. Dicen que estos hechos no son sistemáticos porque no corresponden a un plan prestablecido. Nadie se ha sentado a diseñar un plan para eliminar a líderes como sí se ha sabido que pasó en el pasado con el genocidio de la Unión Patriótica, por ejemplo. El Presidente de Colombia dijo alto y claro, el 27 de octubre, que todos esos asesinatos son “casos personales”.

Asuntillos, rencillas, cosillas entre vecinos. Ya sabes, te matan por cosas personales. Claro, tan personales como ser un líder a favor de los programas de sustitución de la mata de coca, o ser quien denuncia la matanza de siete campesinos en Tumaco ante el Vicepresidente. Casos personalmente aislados.

Pero es que al día siguiente de esas declaraciones de Juan Manuel Santos en un tweet, ONU Human Rights afirmaba que el 69% de los asesinatos a personas defensoras de derechos humanos durante este año fueron cometidos por sicarios. Un argumento bastante contrapuesto al expuesto por el Presidente Santos justo un día después. La disputa no es sólo dialéctica es también dialéctica.

Pero volviendo al asunto de la sistematicidad es bueno apuntar que la sistematicidad también se basa en un concepto predictivo: la ley espacio/tiempo. Se puede predecir un acontecimiento porque, la experiencia, los acontecimientos anteriores indican un patrón, una repetición, una secuencia y, por ende, se puede establecer una probabilidad.

Y aquí hay un macabro patrón con tres variables nada más y nada menos: La frecuencia de asesinatos (cada 10 – 15 días como máximo); En las regiones en los que se dan (Cauca, Nariño, Valle del Cauca, Meta, Antioquia y Norte de Santander); y en las actividades o perfiles de las personas asesinadas (líderes sociales defensores de los Acuerdos de La Habana -en especial de la sustitución concertada de cultivos ilícitos-, líderes indígenas, excombatientes de las FARC y familiares, presidentes de Juntas de Acción Comunal y líderes en contra de megaproyectos).

Venga y le digo: revisemos la lista de personas asesinadas y compruebe cuantos han sido líderes relacionados con la sustitución de cultivos en el Cauca o Nariño, por ejemplo. Los datos dicen que uno de cada tres. Y, ¿sabe que entre abril y agosto de este año ha sido asesinado un excombatiente de las FARC o algún familiar suyo cada seis días?

¿Casos aislados? ¿Casos personales? ¿De verdad?

Por sumar una fuente más y ahondaren el tema, podemos leer el profundo y extenso estudio Dinámicas de asesinato de líderes rurales’del Observatorio de Restitución y Regulación de Derechos de Propiedad Agropecuaria que básicamente les va a decir lo mismo, pero mejor dicho, en 90 páginas de un monitoreo del fenómeno durante 10 años.

Ahí pueden leer frases como esta: “por la reiteración, la metodología y el principio de “seguir un sistema organizado”, el asesinato de líderes sociales en Colombia cumple con más de la mitad de los requisitos para considerarse “sistemático”. Estas características son coincidentes con buena parte de la definición de la Corte Penal Internacional y del mismo Derecho Internacional Humanitario”.

Aunque también hay un modo de verlo más directo y grueso: ¿es posible que el asesinato de 127 líderes sociales (según Marcha Patriotica, esta cifra varía según la metodología en la recolección de datos y el periodo de estudio) en lo que llevamos de 2017 en Colombia sea una casualidad, cosas que pasan? Casos aislados. Casos personales.

Detrás de negar la sistematicidad hay dos componentes terribles. Por un lado, quitarle importancia (ya ni hablo de amenazas, intimidaciones, asaltos a casas, etc.) al fenómeno como si fuesen cositas de disputas entre vecinos. Eso son bandidos, la disidencia, disputas personales.

Casos aislados y personales, claro.

Y por otro, no reconocer la incapacidad del gobierno para tener control en muchas zonas del país. Como escuchaba al profesor Darío Fajardo el otro día, el Estado colombiano, bajo el pretexto de la guerra, fue haciendo dejación de sus obligaciones delegando en grupos de interés a nivel regional, haciendo presencia sólo de modo militar, generándose unas dinámicas ligadas a los intereses de los poderosos. La guerra tapaba esas vergüenzas, pero ahora se ve claramente como determinadas zonas del país tienen unas dinámicas propias ligadas a intereses económicos particulares que necesitan de un entramado criminal que lo soporte. El caso de Tumaco es paradigmático ya que quienes controlar el narcotráfico son quienes “gobiernan” e imparten justicia.

La recién finalizada Misión Internacional de verificación del estado de los Acuerdos de Paz conformada por Mundubat, Brigadas Internacionales de Paz y la Oficina de Derechos Humanos Acción Colombia ha concluido, entre otras cosas, que “el tiempo pasa y la Paz aún no ha llegado a los territorios“.

Con todo este panorama, en medio de un paro agrario con sabor a épocas pasadas, no cabe más que ser optimista, por raro que pueda sonar. Si no hubo que tener excesiva euforia cuando se firmaron los Acuerdos de Paz, un año después no se debería tener excesivo pesimismo. Toca seguir trabajando mirando para adelante, porque esto es y va a ser difícil.

Este artículo fue comenzado a ser escrito el día 23 de octubre de 2017 y finalizado el 3 de noviembre. En esos días 2 personas con los perfiles comentados han sido asesinados en Colombia para un total de 18 personas asesinadas en estas circunstancias.

 

 


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