Protección territorial

El antes y el después de una Línea Amarilla

Acuerdos de la comunidad protegen la selva virgen en el Valle del Cimitarra

El día que confirmaron mi salida a Colombia estaba en casa, escribiendo. Y tres meses después sigo con las manos pegadas en el teclado, pero sobre otra mesa y en otro país.

Decidí venir a Colombia, no por enseñar a nadie ni subir mi ego, sino para aprender y entender la cultura de este país y la gestión del conflicto por parte de sus habitantes. Para aportar mi granito de arena en la defensa de los Derechos Humanos.

Sabía que no iba a ser una experiencia fácil al principio y que la adaptación al nuevo ambiente, compañeras y trabajo iban a ser un reto de crecimiento y superación personal, y más cuando dejas atrás durante un año a quienes más quieres.

Dicen que hay un acompañamiento que te marca, un punto clave que hace que no te arrepientas de aceptar el reto de formar parte del acompañamiento internacional con IAP. Para mí fue el recorrido con la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra (ACVC) y el medio de comunicación Agencia Prensa Rural. El objetivo de la expedición fue la elaboración de un documental sobre la importancia de la existencia de la Línea Amarilla, un área de más de 70 mil hectáreas en el Sur de Bolívar, que no ha sido intervenida gracias a los acuerdos comunitarios que han permitido conservar más de 500 especies de la Serranía de San Lucas y los Humedales del Magdalena Medio.

En los años 80 campesinas y campesinos de todo el país, víctimas del conflicto armado, colonizaron esta zona, delimitaron un espacio rodeado por pintadas amarillas y crearon comités de tierras para ordenar el territorio, proteger la biodiversidad y garantizar una vida digna. En la zona se prohibió cazar, sembrar y talar.

Más adelante, en 1993 con Carlos Ramírez como promotor, se firmó el acuerdo de la Línea Amarilla. Entre 1998 y 2010, en la época más dura del conflicto armado, se ratificaron los acuerdos de Línea Amarilla. En 2016 se establecieron los mandatos comunitarios (MCPVDR).

Hoy en día es la última zona de selva húmeda virgen representativa de este ecosistema en el centro norte del país, con un elevado grado de conservación de la biodiversidad. Algunas de las especies protegidas en peligro de extinción son la danta, el oso de anteojos, el momo titi, la rana cristal, el paujil, el tigrillo, el jaguar y el puma.

Quienes han asegurado y aseguran el cuidado de la zona para evitar la entrada de multinacionales y/o particulares son las propias comunidades. De hecho, las Juntas de Acción Comunal -los representantes de la población-, junto con la ACVC establecen las normas de conservación ambiental. Es por ello, que durante la grabación del documental, varias personas sintieron curiosidad y desconfianza por el verdadero motivo del trabajo audiovisual. Manifestaron su preocupación por que esta publicidad, más que crear un precedente para la conservación de las zonas naturales del país, llamara la atención del Gobierno y entidades que quisieran entrar en la zona y subestimaran el trabajo de protección que ha desempeñado la comunidad durante todos estos años, perjudicando con ello el compromiso y conservación de la Línea Amarilla.

Pura selva virgen

Comenzamos nuestro acompañamiento con un arriero y siete mulas. Una vez superada la primera prueba con Mora, la mula a la que confiaba mi vida, el paisaje que descubrí ante mis ojos fue increíble. Los colores de la selva, los sonidos de los animales y el fluir del agua… Sensaciones que me transportaron a un lugar donde el tiempo y el espacio giraban sobre sí mismos.

Durante la entrada a la zona, llegamos a donde estaban pintadas las líneas amarillas, borradas por el tiempo. Y a pesar de la tormenta tropical, pudimos observar algunas de las especies que habitan la zona, como monos y tucanes.

Totalmente empapadas, seguimos caminado por rincones en los que nunca me hubiera imaginado, subiendo montañas, cruzando quebradas y bajando por el barro a ritmo de tobogán.

Para preservar esta biodiversidad es importante la labor de visibilización de la Línea Amarilla y el trabajo que las comunidades hacen para protegerla. Y ya no solo en el Magdalena Medio, en todo el país el campesinado colombiano y sus líderes y lideresas defienden los derechos de la comunidad y el entorno, anteponiendo sus propios intereses y sus propias vidas en pro de la defensa de los Derechos Humanos.

Así que, a pesar de las largas caminatas, las picaduras de insectos y el dolor de espalda, al final con lo que te quedas es con la fuerza que transmite el campesinado en su lucha, las experiencias compartidas, el conocimiento adquirido y el trabajo realizado que, aunque a veces parezca invisible, siempre merece la pena.

Protección territorial en Colombia, línea amarilla

Selva virgen en la Serranía de San Lucas (línea amarilla)


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