Acompañamiento internacional y defensa de los Derechos Humanos

Hace más de tres décadas el acompañamiento internacional representa una válida alternativa para la protección de personas amenazadas por causas políticas: sindicalistas, campesinos, abogados, indígenas, periodistas de muchos países del mundo son perseguidos por estar denunciando las diferentes formas de violencia perpetradas por empresas transnacionales, fuerzas del Estado o grupos paramilitares.

Es en Guatemala, en los años Ochenta, donde se comienza a aplicar el acompañamiento internacional como nueva forma de solidaridad internacional. En esa época, utilizando como fundamento y justificación la denominada Doctrina de Seguridad Nacional, en nombre del anticomunismo, se cometieron en el país centroamericano crímenes como el secuestro y asesinato de todo tipo de activistas políticos, estudiantiles, sindicalistas o de derechos humanos, todos ellos catalogados como “subversivos”; la desaparición forzada de dirigentes políticos y sociales y de campesinos pobres; y la aplicación sistemática de la tortura. Durante gran parte del enfrentamiento armado interno, los intentos de formar organizaciones de defensa de los derechos humanos tuvieron como resultado la eliminación de sus dirigentes, y las campañas dirigidas a desacreditar a este tipo de organizaciones, presentándolas como “subversivas”, fueron una de las constantes de la represión.

Ante esa feroz persecución, había que encontrar algún mecanismo para poder contrarrestar los actos de violencia que, el la mayoría de los casos, quedaban impunes. Los periodistas que difundían las noticias eran pocos y no muy escuchados, las comunidades y los defensores de derechos humanos estaban solos a enfrentar las amenazas diarias y eran blanco fácil de múltiples atropellos. Es en este contexto que surge la idea de la observación internacional como mecanismo de protección y defensa de los derechos humanos. Grupos de jóvenes provenientes de diferentes lugares del Norte del mundo empezaron a viajar a Guatemala y para estar al lado de las personas amenazadas.

Desde entonces el acompañamiento internacional ha crecido tanto en números que en extensión: Nicaragua, Colombia, México, Palestina, Israel, Nepal, Canada, Indonesia, Sri Lanka, Haiti, y los Balcanes son los países que tienen o han tenido presencia de organizaciones de acompañamiento internacional. Asimismo ha mejorado la calidad del trabajo realizado en terreno y a nivel internacional.

Sin duda, más allá de ser “escudos humanos”, como a veces suelen ser etiquetados los observadores internacionales, el papel que desempeñan tiene una fuerte connotación política que no se limita a la presencia física en zonas de conflicto. Su tarea consiste en generar espacios de seguridad para que las personas amenazadas puedan realizar su trabajo en buenas condiciones. En terreno esto se traduce principalmente en la interlocución con las fuerzas del Estado, con el cuerpo diplomático y diferentes instituciones nacionales y extranjeras. En el exterior significa tener una red de respaldo internacional que intervenga en caso de emergencia y la posibilidad de difundir la situación de los países donde se trabaja.

¿Por qué el acompañamiento internacional es efectivo?

Liam Mahony y Enrique Eguren en el estudio(1) sobre acompañamiento internacional que realizaron, argumentan que funciona a través de la disuasión: los agresores deciden que la mala publicidad y la presión internacional superan la ventaja de atacar un activista. Las organizaciones de acompañamiento internacional pueden expandir el espacio político de los defensores de derechos humanos y frenar el accionar de los agresores dentro de los costes “aceptables”.

Pocos gobiernos, y menos los que reciben ayudas de la cooperación internacional, están interesados en mostrar que en su país hay violencia política. En 2009 el Reino Unido ha retirado su ayuda militar a Colombia tras las graves violaciones de derechos humanos, incluso el homicidio de civiles y activistas luego presentados como guerrilleros dados de baja en combate(2).

Los acompañantes internacionales, en países donde la violencia social y política está generalizada, son por un lado un estorbo por su labor de denuncia, pero también son funcionales a sustentar los valores de la democracia y de la transparencia tras los cuales se esconden los gobiernos, en la mayoría de los casos responsables directa o indirectamente de las violaciones cometidas. Es más provechoso, en este sentido, que los observadores internacionales se muevan libremente y que no vean ningún tipo de violencia: en la práctica, es muy raro que se cometan violaciones graves cuando ojos extranjeros puedan ser testigos.

Sin embargo, en un constante tire y afloje, las organizaciones de acompañamiento internacional han de enfrentarse a repetidos ataques que buscan opacar y minimizar su trabajo. En muchas casos las personas o las organizaciones acompañadas son tachadas como terroristas, criminales, traidores o subversivos. En algunos caos los ataques son dirigidos directamente a las organizaciones que realizan acompañamiento internacional: no son raros cuestionamientos sobre su trabajo o su supuesta vinculación con las “organizaciones terroristas” que acompañan.

Ante este riesgo, es fundamental poder contar con una red de respaldo internacional que conozca el trabajo de los observadores internacionales y lo respalde en caso de necesidad. En esto momentos, una carta o un pronunciamiento público de personalidades reconocidas internacionalmente o con un elevado perfil político, puede ser una muy buena manera para salir de una situación complicada.

Otra componente, a menudo poco valorada, de la eficacia del acompañamiento internacional tiene que ver con el respaldo y el apoyo moral que reciben las personas en estado de amenaza. Poder contar con personas que estén presentes en los momentos de más tensión y miedo es, en muchos casos, un elemento que marca la diferencia entre seguir con el trabajo político de defensa de los derechos humanos y dejarlo.

El acompañamiento internacional desde Catalunya

Catalunya siempre ha sido muy activa en el campo de la solidaridad internacional. Numerosas organizaciones, asociaciones, comités y grupos de diferentes naturaleza han establecidos relaciones y alianzas con muchos países del sur del mundo. En la misma dirección se han conformado diferentes organizaciones de acompañamiento internacional que cada año llevan decenas de jóvenes catalanes en varios países para dar su aporte solidario.

Laura Rodríguez Murciano, joven estudiante catalana de derecho que se encuentra en Colombia con International Action for Peace acompañando a organizaciones campesinas, nos cuenta por qué decidió irse a Colombia: “Me fui a Colombia como acompañante internacional porque estaba interesada en ir a Latinoamérica como cooperante, pero me interesaba una cooperación que no fuera asistencialista y que respetara los procesos propios de emancipación de cada país. El acompañamiento internacional me permite generar marcos de seguridad donde se respeten los derechos humanos y el derecho internacional humanitario en zonas de conflicto, facilitando así los procesos organizativos colombianos”.

Jóvenes como ella son la muestra de que es necesario y posible construir una cultura de paz, un cultura que incluya estilos de vida, patrones de creencias, valores y comportamientos que favorezcan la construcción de paz y promuevan cambios estructurales que promuevan el bienestar, la igualdad, el respeto, la administración equitativa de los recursos y la identidad de los grupos y de las naciones sin necesidad de recurrir a la violencia.

(1) “Unarmed Bodyguards: International Accompaniment for the Protection of Human Rights”, Manohey y Eugene (1997)
(2) UK ends bilateral military aid to Colombia” http://www.guardian.co.uk/world/2009/apr/29/colombia-uk-military-aid

Laura Lorenzi. Coordinadora a Europa d’International Action for Peace (IAP).

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