3 semanas en el Catatumbo

La situación en la zona del Catatumbo está algo tensa, la gente siente y tiene miedo. Es por ello que la Asociación Campesina del Catatumbo (ASCAMCAT) pidió la presencia de un equipo de IAP de forma permanente por tiempo indefinido. Y para allá que nos fuimos mi compañera y yo, sin saber cuándo volveríamos a Barrancabermeja, sin tener un programa de actividades organizado.

Cuando llegamos a la oficina de ASCAMCAT los líderes, en reunión extraordinaria, estaban tratando una situación que acababa de ocurrir: Un miembro de la directiva y reconocido defensor de derechos humanos en la región había sido amenazado por las Autodefensas Gaitanistas de Colombia y se tuvo que desplazar.

Y ya son 6.9 millones de personas desplazadas -alrededor de un 13% del total de la población- y unas 360.000 fueron reconocidas oficialmente como refugiados, tras haber huido al extranjero por motivos de este conflicto armado que ya dura más de cinco décadas según el informe de enero de ACNUR Colombia. Y por desgracia, este tipo de amenaza paramilitar van en aumento, en 2015 son los que más violaciones de derechos humanos han cometido con 1.064 hechos victimizantes. Los abogados realizan la denuncia presentando la amenaza grabada en el celular pero el desplazado sabe que, como en la mayoría de casos, no pasará de ahí.

A esta familia le toca empezar la vida de cero en otro lugar lejos de sus familias y amigos, debiendo abandonar esa pequeña finca en la que tienen un criadero de pollos que les daba de comer. Le pregunto al campesino cómo ve la situación y la cara que pone es un drama. Tiene asumido que a su casa no puede volver. Asume el proceso en el que participa y dice que si estuviese solo volvería y trataría de seguir haciendo vida normal pero que la amenaza involucra a su familia. Siendo así, dice, no se puede permitir volver y vivir con el miedo de saber que mientras él está trabajando en la casa puede estar pasando cualquier cosa.

A los pocos días, otra familia llega en la misma situación, la misma angustia, sin ver solución posible y que nunca acaba.

Gracias a las labores previas de incidencia que realizamos frecuentemente con distintas entidades civiles, sociales e internacionales el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) nos invita al balance anual que realizan para analizar la situación de los Derechos Humanos.

Acudimos también como acompañantes de una integrante de ASCAMCAT, porque además de personalidades como el embajador de Noruega, el representante en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas, Todd Howland, el obispo Omar Sánchez y responsables del Gobierno, como la Viceministra de Interior o el Secretario de Victimas Departamental y miembros de la Policía Nacional y Ejercito, también tienen su espacio algunas de las organizaciones sociales que trabajan en la zona.

Como es costumbre en este tipo de evento cuando los invitados destacados acabaron sus intervenciones los medios de comunicación nacionales se fueron dejando a los representantes de las organizaciones sociales sin cobertura informativa a excepción de algún periodista de prensa alternativa. Esto da que pensar sobre la información que recibe el país y el mundo.

Como ocurre en todas partes del planeta, los medios mayoritarios únicamente escuchan y difunden las preocupaciones o un punto de vista determinado, pero hacen caso omiso a las situaciones que sufre el otro actor, generalmente el minoritario. Esto también quedó patente en la mesa de diálogo que formaron después. Escuchando ambas versiones del análisis de la situación pareciera las instituciones y las organizaciones sociales vivieran en mundos diferentes y es que en el fondo es así.

Y llegó el día de irnos para terreno a la actividad que tenían con los líderes comunales.

En ella, como siempre hace ASCAMCAT, les informan de las novedades que se están produciendo en las negociaciones de La Habana. Es la única manera de que la gente se entere, aun viviendo como viven en los lugares más afectados por el conflicto y donde se van a aplicar los acuerdos.

En el Catatumbo hay gran preocupación, expectativa y grandes esperanzas por la solución que se negocie en lo referente a los cultivos ilícitos ya que es una zona de alta producción de hoja de coca. Hoja de coca como único medio de subsistencia frente el abandono que esa región ha sufrido y sufre por parte del Estado.

El campesinado Catatumbero ya ha demostrado su disposición a aplicar programas de sustitución gradual de cultivos amparados en proyectos productivos y de distribución de los alimentos cultivados y dejar atrás la hoja de coca, sin embargo el Gobierno sigue amenazando con la erradicación violenta de las hojas de coca.

También acudimos al día nacional en conmemoración de las víctimas. Acompañamos a un grupo de unos 15 miembros de ASCAMCAT, entre ellos, algunos de los líderes. Durante el acto, unas personas tomaron fotos, se mantenían cerca de la comitiva y seguían a los líderes de ASCAMCAT. Para ellos, los líderes, es el pan de cada día y dicen que se sienten perseguidos y señalados e insisten en la necesidad de generar garantías para los líderes y para la base social de la organización ante la amenaza presente en la región, ya que se corre el riesgo de que cualquier iniciativa se trunque por los intereses de los enemigos de una Colombia justa y en paz con justicia social.

Y así, un día acompañas a uno a un acto en tal sitio y otro día viajas hacia el otro lado para acompañar a la otra… terminas haciendo kilómetros de un lado al otro del Catatumbo, disfrutando de los increíbles paisajes que atesora, viendo salir o meterse el sol por detrás de una montaña que quisieras subir algún día. Un día cercano, en el que el campesino de la vereda de al lado te indique el camino correcto y no te recomiende evitar esa zona en la que hay partes minadas, o te diga que hace cuatro días hubo un enfrentamiento, o que por esa zona están entrando paramilitares.

Llega el día 20, el momento de comprar el billete para volver a casa después de haber conocido gente con historias escalofriantes, que lucha y trabaja por ver a su Colombia en paz. Pero al despedirte te preguntan si volveremos pronto, si ya tenemos un nuevo acompañamiento solicitado.

Intuyo, que más allá del vínculo que se crea con estas personas, es otra señal de que no están tranquilos.


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