3 años, 7 meses y 17 días

Balance de más de tres años en Colombia con IAP

Ni sé las veces que ya he contado que llegué a Colombia el 24 de abril de 2014.

Da igual cuantas sean esas veces porque esa fecha de referencia me sirve para dimensionar, al menos temporalmente, mi estancia, trabajo, alegrías, sinsabores, sensaciones y vivencias con International Action for Peace. Porque, parce, ha habido de todo como es normal. Pero lo realmente bueno es que todo ha sido intenso y vivido, lo bueno, lo regular y lo menos bueno.

¿Y qué le puede pedir uno más a la vida que ser vivida de modo intenso?

También dicen que para hacer balance y centrar bien las cosas hay que dejar reposar un poco las cosas, como los buenos guisos. Objetivo ni pretendo ni quiero ser. Porque la vida en IAP va de vivir con las tripas, tomar parte activa y comprometida, y eso creo que no se me da tan mal.

Es como extraño hacer balance y cierre de algo que comienza como excepcional y se convierte en tu modo de vida pero proveniente de la casualidad. Porque no nos engañemos, que yo llegase a Colombia fue fruto de una gran casualidad. Yo nunca me he creído el cuento ese de que las cosas pasan porque tienen que pasar, que si algo sucede es porque debía ser así, etc. Yo no creo en la causalidad, creo en la casualidad.

Como de casualidad llegué a IAP de casualidad voy a aterrizar en mi nuevo trabajo con la Misión de la ONU, pero eso es otra casualidad que ya contaré en otro momento si procede. Porque yo vine como voluntario para un año y ya voy para cuatro y casi nada fue premeditado, se fue dando, fue fluyendo. Que va a ser cierto eso de que todo fluye, nada permanece.

Muchas veces me preguntan ¿por qué Colombia? ¿por qué IAP? e, insisto, no fue premeditado.

La premeditación estaba en salir de esa Pamplona que me aprisiona, con amor pero me aprisiona; y querer hacer algo comprometido con un sesgo político, aunque yo soy de los que creen que todo acto de nuestras vidas es político, ya que desde que nacemos se articulan situaciones de poder o no poder… Eso y que este país tiene algo que engancha.

¿Se amañó Iñaki? Y sonrío.

Este artículo/reflexión no quiere mostrar partes de esta realidad colombiana como he tratado de describir en algunas ocasiones y de la que, de alguna manera, he formado parte. Este artículo una nota de agradecimiento, de balance y de chao, pero chao que me cambio de barrio pero que sigo por aquí cerca. Así que vamos allá.

En este periodo de mi vida he compartido casa, chaleco, acompañamientos, dudas, miedos, discusiones, risas y pedacitos de oro con una ristra de personas excepcionales y, aunque suene a un lugar muy común, de todas ellas me llevo algo que me cedieron, posiblemente, sin darse cuenta. Estas personas han sido: Eli, Eva, Anselm, Ana, Natalia, Paula, Miguel, Ana, Julio, Constança, Lucía, Sergi, Iñigo, Nerea, Mireia, Cristina, Àngel, Patri, Aitana, Nina, Rocío y Marta. Tampoco me puedo olvidar de Laura quien desde Barcelona me soportó y asesoró desde la distancia durante todo este periodo.

El anecdotario sería interminable, pero cómo olvidar la retención por parte de la Policia y Sijin por más de cuatro horas y posterior conducción a Migración con mi compañera Eva en mi primer acompañamiento, o el mes que pasé en el Refugio Humanitario de Mesitas (Hacarí), en medio del conflicto y operativos militares, o el recorrido a pie y mula por el Nordeste de Antioquia con las recién llegadas Natalia y Paula, o el “paseo” en chalupa asediados por la Infanteria de Marina por el Rio Guayabero, más de tres horas, con el compañero Julio, o la llegada a Puerto López con Ana donde se palpaba la violencia en cada rincón, o compartir con Mirta de 93 años y una de las Madres de la Plaza de Mayo visitando áreas de fosas comunes por el Meta con Aitana, o los litros de tintico que me he tomado charlando con campesinos y campesinas en los lugares más bellos, remotos y a la vez más jodidos que nunca pude imaginar.

Pero las anécdotas son epidérmicas y lo realmente importante es que gracias a este trabajo he podido vivir de primera mano el tránsito de un país en una guerra interna brutal a un país en paz. Paz frágil, Paz inestable, Paz con incertidumbres diarias, Paz con demasiados enemigos de la Paz, pero Paz al fin y al cabo. Tomando distancia no es descabellado decir que Colombia está mejor en enero de 2018 que en abril de 2014 pese a todas las dificultades.

Y aunque mi etapa en IAP ha terminado, mi ciclo en Colombia continúa muy pegado a la construcción de Paz y la consolidación de los acuerdos. Como suelo decir, cambio el chaleco naranja por el azul celeste para intentar seguir aportando a este proceso que ya es mi proceso.

Siempre a la orden.


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